Solidaridad con Cuba
as imágenes de un país entero en bicicleta al inicio de la década de los 90 hicieron pensar no sólo en que era una locura, sino en que seguramente eran los últimos años de un proceso revolucionario ahorcado por la caída de la Unión Soviética, de la que dependía casi en su totalidad. Gente auténticamente interesada en Cuba y turistas de todo el mundo arribaron (arribamos) a la isla caribeña para tocar ese pedacito de tierra antes de que “desapareciera”, porque ¿cómo sobreviviría en bicicleta? Vino el duro Periodo Especial, lleno de restricciones que los puso a prueba. Y resultó que no sólo no se esfumó, sino que durante décadas continuó, no sin profundas contradicciones, llenando de significado palabras como solidaridad, dignidad, pensamiento crítico, emancipación y fuerza popular.
Es sumamente difícil hablar de Cuba desde fuera, no sólo porque no se vive la cotidianidad interna de la crisis económica y política, también porque hay un profundo respeto y admiración hacia ese pueblo que no pocas veces nubla la mirada. Pero es imposible no manifestar una total solidaridad con una isla que ha dado lecciones de humanidad al mundo y que hoy es asfixiada por las ansias imperialistas del gobierno de Donald Trump. Rechazar la injerencia yanqui es un imperativo ético, como hace 60 años años.
Dicen desde la isla que desde el anuncio del recrudecimiento del bloqueo y las sanciones a los países que les envíen petróleo, la situación se torna insostenible, incluso más cruel que en el Periodo Especial. Se canceló la emblemática Feria Internacional del Libro de La Habana; se redujo la semana laboral por la carencia de transporte; se decidió el traslado de trabajadores a sectores prioritarios; el combustible disponible se destina a servicios esenciales (salud, agua, electricidad), pero no alcanza. Mientras, en la salud se priorizan urgencias, diálisis y programas materno-infantiles, aunque no hay combustible ni para las ambulancias. Pero Cuba, sin duda, merece vivir, como dice el Centro Memorial Martin Luther King, y la solidaridad entre los pueblos debe, sin condición alguna, hacer su parte.
Si tocan a Cuba, nos tocan a todos. Y la están tocando.











