FIFPro enfrenta crisis de legitimidad
Sábado 14 de febrero de 2026, p. a11
En el complejo entramado de las asociaciones internacionales, el sindicato global de futbolistas profesionales (FIFPro) enfrenta una crisis de legitimidad al haber perdido su capacidad de interlocución ante la FIFA y la UEFA, ruptura que ha marginado a sus más de 70 mil representados de las mesas de decisión donde se define el futu-ro del futbol. Se le cuestiona por la ineficacia sistemática del fondo de garantías –red de seguridad creada para apoyar a jugadores a quienes los clubes les adeudan salarios, especialmente en ligas de menores recursos–, así como de la falta de transparencia en su gestión financiera.
A menos de cuatro meses para el comienzo de la Copa del Mundo, la Asociación Mexicana de Futbolistas Profesionales (AMFPro) anunció su salida de FIFPro por “no coincidir con sus objetivos y fines”, lo cual debilita su representatividad global, pero se suma al movimiento liderado por la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que apenas el miércoles ratificó su ruptura con la misma federación. Según medios europeos, el presidente de AFE, David Aganzo, quien dirigió al sindicato global entre noviembre de 2021 y mayo de 2024, planea dar un golpe estratégico en el tablero político del futbol internacional con la creación de un nuevo gremio que reúne a varios países.
“La fuerza de todos los sindicatos es la unidad”, señaló a La Jorna-da el presidente de FIFPro, Sergio Marchi, vía telefónica desde Argentina. “En estos días, seguramente después del 18 de febrero, emitiremos un documento público, no por México claramente, sino para exteriorizar lo que está ocurriendo con estas acciones y por quiénes están promovidas realmente, además de los objetivos que los movilizan”.
El nuevo orden sindical, liderado por la AFE, pretende modificar el actual modelo de representación mediante una estructura donde los sindicatos nacionales tengan mayor autonomía y control sobre el uso de los recursos, además de auditorías abiertas para que los jugadores sepan a dónde van sus cuotas.
Desde la asamblea realizada en 2018, en Roma, la FIFPro –compuesta por 70 sindicatos nacionales de jugadores y más de 70 mil jugadores representados– acreditó a la AMFPro como parte del grupo de asociaciones que conforman su estructura. “Esta certificación es un paso importante para los jugadores mexicanos y el mismo futbol nacional. Además, fortalece nuestros cimientos como organismo internacional”, celebró el 27 de noviembre de ese año el gremio que representa y protege los intereses de los profesionales afiliados a la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Al separarse del sindicato global, los jugadores mexicanos no sólo pierden acceso a redes de apoyo legal en el extranjero, sino que dependen ahora de la capacidad de negociación de la AMFPro ante la FMF.
“Buscaremos internacionalmente la mejor opción para continuar trabajando en la protección y defensa de los derechos correspondientes a los futbolistas”, señaló la asociación que preside desde 2017 el ex futbolista Álvaro Ortiz. Mientras más sindicatos se suman a la creación de una nueva estructura, la FIFPro considera que detrás de la búsqueda de transparencia hay una maniobra política. En el pasado Mundial de Clubes 2025, la federación internacional demandó medidas urgentes en la forma de gobernar el futbol, debido a la expansión de torneos y convocatorias de FIFA que impactan en la salud y rendimiento de los deportistas. “(Gianni) Infantino es un autócrata, un tipo que decide las cosas por sí solo”, afirmó en julio a La Jornada el presidente Marchi.
La FIFA no adoptó ningún consejo de FIFPro, tampoco requirió de su representación en una reunión –celebrada en noviembre, en Rabat (Marruecos)– que contó con más de 30 sindicatos de futbolistas de distintas regiones del mundo. “Marchi y FIFPro no están interesados en resolver los problemas, sino en crear titulares y hacer política deportiva”, respondió a su regreso a Zúrich el director legal y de cumplimiento de FIFA, Emilio García. Con la Copa Mundial en el horizonte, la ruptu-ra de las organizaciones sindicales y su relación con el máximo organismo del futbol trazan un nuevo orden en el tablero de la política deportiva.











