roblemas y más problemas. Por años he tenido la certeza de que todo gobierno encara una crisis que lo marca. Se convierte en una especie de sello de fábrica de tal gobierno. Es su registro en la historia.
Díaz Ordaz con el 68, Echeverría con Los Halcones, López Portillo llorando su fracaso, De la Madrid con los sismos, Salinas con la muerte de Colosio, Zedillo con su Fobaproa, Fox con su toallagate, Calderón con García Luna, la Casa Blanca de Peña Nieto y el trenecito de Andrés.
La presidenta Sheinbaum enfrenta un cuarteto de situaciones susceptibles de crecer. Es decir, que en estos días confronta problemas que podrían evolucionar independientes o creciendo conjugados, inundando todo de adversidad. Serían la violencia criminal, Trump, la economía y las elecciones venideras.
Muy de lamentar esa situación, esto es hoy, peor sería que en semanas próximas fuera descubriéndose que las piezas del juego, combinadas o no, paulatinamente se constituyeran en una situación irreparable.
Un mal mortal que significara que ya no hay marcha atrás, que el ambiente de corrupción e inseguridad de todo género que nos asfixia, mañana y después sería peor. Un estado de cosas del que surgiera una forma de vida ya inevitable e irreversible. Eso que parece escandaloso, catastrófico, bien puede suceder a la luz de ciertos factores ya presentes. No estamos lejos de esa situación.
La Presidenta se está enfrentando ella sola a trabajos tan rudos como los de Hércules sin las condiciones de aquel héroe mitológico. Aunque seguramente sus órganos de Inteligencia Política le están ofreciendo alternativas de acción, advirtiéndole que por dónde está yendo el país estaríamos marchando a aprietos mayores.
La presidenta Sheinbaum enfrenta jaques de los que rápidamente debiera salir antes que se conjuguen. Es decir, que en estos días confronta problemas que pueden evolucionar, que vayan creciendo invencibles, inundando todo de adversidad. El país entero se enfrentaría a algo muy difícil de evitar, por lo menos uno parece irreductible, el narco.
Hoy parece exageración ver una coordinación entre contendientes con intereses tan diversos que parece imposible que se cosan libres para dañar al país. ¿Seguiría Trump tensando la liga? ¿La economía que no responde? ¿Una forma de desmadejamiento cubano? ¿La rebelión de las ratas en el Congreso? ¿La resaca de los morenos sin hueso? Sí. ¿Todo simultaneo?, ¿las próximas elecciones?, ¡¡seguro!!
Importaría que quienes saben interpretar signos del futuro hubieran deducido el tremendo peligro que para el gobierno y el país significaría la confabulación de las fuerzas mencionadas entretejiéndose en un sistema operativo, cultura del mal, que combinara antivalores, activara conductas negativas con fuerza y propósitos ignorados, todo con motivos lo más perverso imaginable.
Que México está enfrentando una de sus graves dificultades en 100 años, es muy posible y por tal todos nos preguntamos qué pasó, qué nos está sucediendo y a lo anterior agregar, cómo y quién lo va a arreglar si todo ha fallado y sigue fallando. Las nubes grises son visibles, que no suceda que no las queremos ver.
Quien le lleve a la Presidenta el sentir de la gente de la calle tiene una terrible responsabilidad, el ser sensible perceptor y honesto transmisor hacia ella. Una real vivencia sería advertirle que el espíritu del pueblo está fatigado.
La población por sí misma, como acumulador de energía positiva, es también resumidero de sentimientos negativos que van erosionando sus fortalezas y le llevan a manifestarse con conductas aberrantes y no estoy refiriéndome al crimen vulgar. Vivimos una composición de situaciones maquilladas por la energía que todos aportamos simplemente por existir, pero que no abona nada a favor de un futuro justo, de merecida felicidad. Se ha dicho que nuestro pueblo es aguantador, resignado, buena reata. Pues tal decir por falso es perverso.
México por sus dimensiones indiscutibles tendría derecho a ser un país de razonables tasas de bienestar. Su territorio, población, recursos naturales, cultura e historia así lo apuntarían, ese sería el derecho que no aprovechamos. Ahora ese derecho nacional se ha convertido en obligación. Sí, de darnos aquella felicidad que ciegos, otro día ya lejano no vimos pasar.
La rueca nos regresa a pensar en busca de explicación a los errores que cometimos para, de lo razonable que era un posible bienestar, ahora somos un pueblo del que la mitad tiene hambre y su totalidad pide seguridad y justicia.
Con tristeza hoy identificamos que esos males son un dolor de cabeza, pero que bien pueden ser mensajes de algo que está enterrado, algo que, con amarga serenidad nos diría: no mires para atrás a lo que hiciste, ni mires hacia adelante porque no hay nada para ti. Esta es la situación que en verdad nos amenaza pero que no podemos permitir como tarea de todos.












