Emmanuel Mora
a desde sus inicios con el grupo Xamán, a finales del milenio en la ciudad de Campeche, las múltiples búsquedas y los estupendos hallazgos de Emmanuel Mora hacían que las composiciones del guitarrista se proyectaran y se ovacionaran por todos lados. Ya fuera alterando los patrones rítmicos de la clave cubana o los ciclos del huapango o cualquier otra intervención en la música popular a través de las gramáticas jazzísticas, una tras otra, las composiciones de aquel joven maestro mostraban siempre una voz sorprendentemente particular.
Los años pasaron; y para 2001 Emmanuel Mora iniciaba una sólida carrera solista, sin abandonar nunca a Xamán (al lado de sus hermanos Alejandro y Rodrigo). Veinticinco años después, con la barba blanca, radicando en Mérida y alternando sus tiempos con la laudería, llegó a estas tierras para presentar un nuevo disco solista, el sexto en su haber: Organ Trio.
Como todos sus álbumes, éste es una muestra más de refinamiento y distinción. Su gran fuerza narrativa está ahí. El swing en la más amplia de sus acepciones está ahí. Siempre sofisticado, sin que esto le reste un ápice de naturalidad. No le interesa escudriñar ni en las rutas experimentales ni en la geometría conceptual. Este es un disco de jazz tradicional… y bueno, es aquí donde se pone sabroso el debate sobre lo que es “jazz tradicional”.
Organ Trio mantiene una impecable producción de principio a fin –gracias a Rodrigo Mora, tecladista de Xamán–. Gabo’s Blues le da inicio con una transparencia y una puntualidad absolutas (y seguimos con los superlativos, es inevitable), que te envuelven desde el primer instante. La guitarra, por supuesto, lleva delicadamente la primera voz. El órgano levanta discreta y luminosamente la mano a través de los 11 temas del disco, sin sobresaltos (bueno, de vez en cuando se suelta gentilmente el pelo), intercambiando compases con la batería en las mismas rutas.
Gabriel Puentes está en la batería, Roberto Verástegui se encarga del órgano, mientras que el culpable de la guitarra y (casi todos) los conceptos es Emmanuel Mora. Los tres tienen mucho que decir y lo dicen todo sin alterar un solo instante la paleta sonora. Pero ya expuestos, nos vuelve a sorprender (que ya no debería) el pulso y los 10 mil esteros de Puentes (vaya apellido) en los tambores y los platillos y los silencios. Una voz elegante y original, rebosante de matices, con una firmeza que nunca se sobresalta, convocando infinidad de voces y colores en un solo tema, pero sin alejarse de la ruta central.
Platicamos un poco con Emmanuel y esto nos dijo:
“Anteriormente yo hacía o un disco de jazz tradicional o experimentos medio latinos, con fusión y eso. En esta ocasión le pedí a Gabriel (Puentes) que me ayudara a hacer un disco que tuviera la parte rítmica bajo los cánones del hard bop o del new bop. Gabriel me ayudó a encontrar la manera de meter toquecitos de otras cosas, pero dentro de un contexto muy hecho, muy tradicional en cuanto a la parte rítmica. Su investigación es muy interesante, porque dice de dónde viene lo que está tocando… si es de Elvin Jones o de alguien más. Él tiene muy estricta esa parte.
“Por otro lado, la composición fue más libre. Hice unas cosas no tan tradicionales, como Las lagunas de Zempoala, como Trinidad. Y, por otro lado, algún contrafacto, como Have You Met Miss Jones, que en realidad se llama Doña Jones porque así le puso Gabriel. La idea era tener algo que sin estar totalmente clavado en el swing, la mayoría lo fuera y que tuviera pinceladas de otras cosas.”
–Me comentabas que ya no te gustan las fusiones.
–Ahora se me antojó hacer algo que me diera un sentido a mí, porque realmente lo que a mí me gusta escuchar es jazz. No me gusta escuchar fusión. Tocarlo es lo que más me divierte; y he visto que, actualmente, en los festivales de jazz casi no lo hay, así que quiero tener un proyecto en el que yo pueda tocar lo que me gusta, con amigos que gusten de tocar jazz.
–Desde siempre ha habido un fuerte debate sobre lo que es jazz y lo que no lo es. Y tú tienes una posición.
Por una cuestión de orden, y sin entrar en discusiones con otras personas, yo he preferido llamarle jazz a la columna central, a lo que nació con Charlie Parker. Para mí, lo que se oía antes de esto, son prejazzes. Para mí, para que sea jazz, debe tener swing, interplay y la tradición del jazz incluida. El free jazz y el modal siguen siendo jazz, porque tienen esa tradición.
Todavía alcancé a comentarle al maestro que Louis Armstrong decía que lo que hacía Charlie Parker no era jazz.
Y que el compañero WilliamFaulkner decía que el pasado nunca muere, que ni siquiera es pasado.
Salud












