a larga noche neoliberal duró 36 años; igual fue la noche del dictador Porfirio Díaz. Dos periodos de exclusión política, y de exclusión económica y desigualdad para las mayorías. Hoy sigue su curso de expansión la revolución de las conciencias, cuyo rasgo principal es tener claro como el agua qué es la exclusión. El pueblo sabe, cada vez mejor, lo que es la exclusión en las decisiones relativas a sus posibilidades de vida, de desarrollo real, personal y social, educación y salud para los hijos, techo asegurado de por vida. O el pueblo decide, con información efectiva, quiénes deben ser sus dirigentes y sus gobernantes y cuál su programa de gobierno, o el pueblo será excluido de raíz, como ocurrió en esas dos largas noches que gobernó la derecha para acrecentar los privilegios de los de arriba.
La presidenta Claudia Sheinbaum recordó en Querétaro la exclusión en esas dos largas noches. En 1917, una Constitución política progresista creó, como derechos sociales, beneficios elementales de los que carecía el pueblo mexicano. Fueron derechos que habían sido ganados por el pueblo en armas. Pero los ejércitos populares fueron derrotados. Y Villa y Zapata, asesinados. De ese modo, el pueblo fue excluido; los nuevos gobernantes crearon un nuevo Estado, pero pronto quedó a la vista la exclusión económica y social de los de abajo, pese a los derechos sociales constitucionales.
Suele replicarse a una tesis como la anterior que hubo reforma agraria, jornada de ocho horas, educación y etcétera. Así fue, pero el alcance de esos avances fue marginal: a la corta, la desigualdad social, y su cauda de racismo y supremacismo, se adueñaron del panorama general mexicano. En tanto, los ricos se volvieron millonarios. La exclusión política real dejó a las mayorías fuera de la elección de sus gobernantes y sus programas de gobierno: era asunto que decidía la gente “educada”: los de arriba. Una exclusión extrema y una historia de dominación colonial ilimitada convertía al pueblo en sujeto de maniobras, engaños y continuidad de sus desgracias.
El pueblo no eligió a Carranza, ni a Obregón, ni a Calles, ni a Portes Gil, ni a Ortiz Rubio, ni a Abelardo Rodríguez, ni a Lázaro Cárdenas. Cárdenas fue un gran presidente; pero no porque el pueblo de México lo haya elegido, en el sentido que aquí apuntamos: elección con conciencia cabalmente informada para decidir entre opciones. Luego vinieron los Ávila Camacho, los Alemán, los Díaz Ordaz, los Echeverría…; modificaron la Constitución para beneficio de los privilegiados, dejando como letra muerta los derechos sociales, es decir, excluyendo a quienes supuestamente eran los beneficiarios. La amplísima pobreza y la desigualdad crecieron.
Más tarde, debido a la exclusión política del pueblo, fueron modificadas la Constitución Política y numerosas leyes, en el taimado sentido neoliberal de la segunda larga noche contra los pueblos de México: la pobreza y la desigualdad crecieron como nunca. Los millonarios se volvieron milmillonarios, aumentando su riqueza ahora, además, mediante la privatización de los bienes públicos. La soberanía fue severamente afectada mediante la decisión de los gobiernos de México de desnacionalizar cuanto pudieron, para alinearse a la globalización neoliberal.
AMLO fue elegido por una votación popular nunca antes vista, y con una aún mayor fue elegida nuestra Presidenta. Lentamente, la revolución de las conciencias está en marcha. La exclusión política debe ser reducida en un proceso continuo. Es tarea de Morena mantener encendida la revolución de las conciencias. Hasta que los tres niveles de gobierno sean ocupados por gobernantes elegidos cabalmente por el pueblo de México. Falta un gran tramo por andar.
La 4T, en los pocos años de su gestión, ha llevado a la Constitución a recuperar el sentido social que tenía la de 1917, y ha ampliado aún más los derechos sociales del pueblo mexicano. Falta que esos derechos se vuelvan hechos para las mayorías porque, pese a los amplios avances a la vista, aún tenemos una gran pobreza y una gran desigualdad. Se podrán remontar si la revolución de las conciencias sigue avanzando y la exclusión política continúa reduciéndose.
Podemos confiar en que la presidenta Sheinbaum y su equipo primordial hagan la parte que les corresponde. Su empeño, su voluntad y su capacidad son claros. También su patriotismo. Pero tenemos una oposición de derecha trumpista alojada en los partidos del pasado; en el colmo, un sector de Morena se le parece notoriamente. Más aún: la derecha de Morena es peor que la de los partidos de oposición porque tiene una querencia ladina al más puro estilo priísta y suele estar agazapada. Y puede llegar a los extremos del alcalde de Tequila.
La inclusión política es defensa de la vida de los más, y es, al mismo tiempo, defensa de la soberanía. La inclusión política es la garantía de un gobierno fuerte. Así entendida, la inclusión política es como nunca necesaria en estos tiempos de demencia apocalíptica desa-tada por el gobierno del imperialismo estadunidense.












