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Nueva vieja colonia
L

a crónica urbana de la Ciudad de México es un enorme mosaico compuesto por múltiples historias de sus barrios, pueblos y colonias. Vital e imparable, el crecimiento de la urbe ha regresado a los viejos enclaves que por diversas razones padecieron un deterioro urbano y social.

Asentamientos de la parte central de la ciudad como el propio Centro Histórico, las colonias Juárez, San Rafael, Santa María la Ribera, Condesa y la Roma fueron victimas –entre otras calamidades– del decreto de congelación de rentas. Se suponía que era temporal por la Segunda Guerra Mundial y permaneció más de 50 años, lo que provocó el deterioro de muchos inmuebles, buena parte de ellos de valor artístico e histórico.

A partir de su eliminación en los años 90 del pasado siglo, la gente comenzó a interesarse en regresar a esos rumbos que tienen muy buena ubicación y los dueños de las construcciones deterioradas tuvieron la posibilidad de deshacerse de ellas y, con el fruto de la venta, adquirir algo nuevo.

Una de esas colonias, cuyo redescubrimiento ha sido más reciente, tiene su historia en la riqueza de una familia de apellido Escandón, varios de cuyos miembros tuvieron un papel relevante en el porfiriato, principalmente Manuel y Antonio.

En 1857 les fue otorgada la concesión para desarrollar, entre otras, las líneas de ferrocarril que conectaran a Veracruz con la Ciudad de México. También obtuvieron beneficio económico con la venta de los bienes eclesiásticos derivada de las Leyes de Reforma, lo que les permitió adquirir muchas propiedades. Entre otras, parte de los terrenos que habían pertenecido a la hacienda de la tercera condesa de Miravalle –en otra fracción del enorme predio se construyó la colonia Condesa–, y en 1889 nació la Escandón.

En las primeras décadas del siglo XX convivían casas unifamiliares de clases medias con edificios de departamentos, vecindades y algunas fábricas, según una investigación de la doctora Ruth Concepción García Fernández.

Los deterioros causados por el sismo de 1985 se sumaron a otros fenómenos como hacinamiento en las vecindades, abandono de inmuebles, cambio en los usos de suelo e inseguridad derivada de conflictos entre pandillas.

En los años 70 se construyeron los grandes ejes viales: Viaducto Miguel Alemán, Parque Lira y Circuito Interior, Revolución y Patriotismo, por lo que muchas de las antiguas casonas desaparecieron.

Ahora ha tenido un renacimiento, se ha modernizado con la construcción de nuevos edificios de departamentos (de poca altura), la apertura de diferentes comercios y su vecindad con la Condesa, lo que la han vuelto una buena opción para vivir. Es una colonia céntrica, todavía es un lugar tranquilo y no tan caro como la Roma o la Condesa.

Permanecen algunas hermosas casas tradicionales, varias que están esperando una restauración que les devuelva el esplendor y edificios clásicos en estilo art déco diseñados por arquitectos afamados como Juan Segura y Francisco Serrano. Tiene el encanto de que conserva el sabor de viejo barrio.

Hay un amplio parque: el Jardín Morelos, con muchos atractivos, por ejemplo, espacio para niños, otro para mascotas, un centro para actividades comunitarias y aparatos para ejercicio. A unos pasos está el Mercado Escandón, que desde hace 30 años tiene el famoso restaurante Playa Escondida y también es distribuidor de mariscos.

En los alrededores hay diversos locales de oficios, restaurancitos, fondas y taquerías y, como toda antigua colonia, tiene sus iglesias. Una de éstas es la parroquia conocida como “Del Espíritu Santo y del Señor Mueve Corazones”. Con una arquitectura ecléctica, conserva un pequeño atrio.

Se construyó en los años 20 y originalmente los terrenos de la parroquia ocupaban todos los alrededores, desde Unión hasta Sindicalismo; actualmente son edificios de departamentos.

Y, por supuesto, han surgido buenas opciones para comer sabroso. Una de ellas es Escandón Corazón, en la calle Progreso 167; con una alegre y divertida decoración, ofrece cocina argentina y sus asados son excelentes. Todo se cocina a la parrilla y cuenta con variedades ahumadas riquísimas. Hay ensaladas, pastas, pizzas caseras y las típicas empanadas. De postre, los alfajores. Además, tiene una tiendita a la entrada del local en la que se pueden adquirir vinos y dulces argentinos, el tradicional chimichurri para acompañar los cortes de carne y hasta flores.