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Tendencias energéticas: la cuarta
V

ayan algunas reflexiones sobre las redes de transmisión eléctrica de muy alta tensión (400 kilovoltios) y alta tensión (230 kilovoltios). No son simple infraestructura. No. Constituyen un hecho material y social de larga duración, en el sentido profundo de Fernand Braudel.

Estructuras que cambian lentamente, que condicionan ciclos y vaivenes, que unen, que suelen pasar inadvertidas…hasta que fallan. Sí. Al menos durante medio siglo, estas redes han sido andamiaje silencioso del crecimiento económico, desde la posguerra hasta los años setenta, inscritas en una lógica clara: construir grandes líneas de muy alta y alta tensiones para transmitir electricidad de centrales hidroeléctricas, térmicas o nucleares –remotas y monumentales– hacia ciudades y polos industriales en expansión.

Era la época de confiar en el crecimiento continuo, en la planificación estatal y en la robustez física de los sistemas eléctricos. Más acero, más kilómetros, más voltaje, más energía disponible, más consumo para más usos finales con base en la electrificación. Largo periodo con una transmisión concebida casi exclusivamente como capacidad y bajo un criterio rector que priorizaba volumen de megavatios transportados.

Siempre bajo el principio de confiabilidad n-1, el de cuidar la falla de un elemento: una línea de transmisión, un transformador, un generador grande, un reactor/compensador, un interruptor crítico. Cuidando fielmente “apagones”, colapsos de voltaje o frecuencia, sobrecarga de líneas, desconexiones generalizadas.

Lo mismo –con más costo y por ello, con menos extensión– con el criterio n-2, el cual permitía un suministro confiable y seguro, con falla de dos elementos. Solía aplicarse en casos específicos como corredores críticos, zonas metropolitanas, hospitales, transporte, telecomunicaciones, control aéreo, interconexiones de gran impacto y sistemas aislados o con poca redundancia.

Estaban de por medio, pérdidas económicas graves, incluso humanas, dolorosas. Sí, redes vistas como cable estático y no –hoy eso ya cambió– como organismo vivo y complejo en una perspectiva de muy larga duración.

En un contexto de transición energética justa, sí, a partir de los noventa, con la liberalización de los mercados eléctricos y el aumento de flujos regionales, la transmisión empezó a mostrar otro rostro: congestión, oscilaciones interáreas, tensiones al límite.

La construcción de redes dejó de ser el único objetivo, gradualmente se exigió mayor control y más versatilidad, con nuevos dispositivos de electrónica, de potencia, y bajo renovados intentos sistemáticos de superar redes tradicionales y obsoletas, con materiales que permitían no sólo más exigencia, también mayor versatilidad, más control, mayor dinamismo. ¡Incluso inteligencia en tiempo real!

En los últimos 10 años –al menos– los cambios en las redes de transmisión se aceleraron, lo exigió la introducción masiva de fuentes renovables, siempre intermitentes y volátiles. Obligaron a respaldo y almacenamiento, a nuevos servicios conexos, muchas de ellas lejos de los grandes centros de consumo. Exigieron una renovada red, capaz de evitar más pérdidas. Dar seguridad y confiabilidad plenas.

Los mercados mostraron –muestran– sus límites. Se plantean nuevas exigencias a la red, no sólo transmitir, transformar y entregar 10 por ciento de la energía final, como en los sesenta. ¡Ya no! El mundo de hoy accede a 25 por ciento de sus usos finales con electricidad. Algunos países casi 40 por ciento.

Además de transmitir electrones, la red de hoy da estabilidad, administra inercia, es elemento dinámico imprescindible, cuenta con inversores electrónicos de potencia, ¡acata el Grid Forming!, y une más regiones, entrelaza países, alivia problemas.

¿Qué esperar y hacer los siguientes 10 lustros?, trascender el pasado, su visión estática, su expansión indiscriminada, su diferenciación excesiva de redes, su olvido del almacenamiento, su falta de control electrónico y su desatención a los puntos críticos.

Expertas y expertos dixit. Sin red de transmisión renovada no hay transición energética y sin ésta no hay abatimiento de emisiones ni disminución de costos ni impulso firme de la justicia energética.

Veremos por qué. De veras.