e cumplió un año del cierre de la frontera norte, se consumó cabalmente una de las promesas de campaña de Donald Trump. Tan es así que la numerosa patrulla fronteriza ya no tiene tanto trabajo y los han mandado al norte, a crear desmanes en Mineápolis. También, podríamos decir, que se cerró la frontera sur, la corriente de migrantes que llegaban a Chiapas ha disminuido de manera radical. En esa entidad fueron detenidos 402 mil migrantes en 2024, mientras en 2025 fueron sólo 35 mil, una disminución de 91 por ciento. Igualmente, las cifras de detenidos a escala nacional, la migra mexicana detuvo a 1.2 millones de migrantes en 2024 y en 2025 a solo 145 mil. Una disminución de 88 por ciento. Se cortó la migración africana de manera radical, igualmente la sudamericana que pasaba por el Tapón de Darién, en Panamá. Incluso se han documentado migrantes latinoamericanos que transitan de regreso a sus países de origen.
No obstante, muchos se quedaron varados en México, aquellos que aplicaban a la vía legal de ingreso a refugio, con la aplicación CBP1; los extranjeros deportados a México, de manera ilegal, pero tolerada y los rezagados que decidieron quedarse en el país y no arriesgare a pasar al otro lado.
Podríamos decir que ya no es población en tránsito ni flotante, porque su perspectiva cambió y quieren, o tienen, que quedarse en México. No podemos taparnos los ojos y no hacer nada, son decenas de miles, incluso cientos de miles. Lo que es posible, dado que en un año pasaban por México más de un millón de migrantes.
Urge una regularización por razones humanitarias, políticas y prácticas. Dejar a una población migrante en el limbo es una irresponsabilidad, dado que lo que se genera es población en situación irregular y en situación de vulnerabilidad, al no poder ser contratados por falta de papeles, vivir en la angustia permanente e incluso llegar a la mendicidad.
Las razones políticas son obvias, mientras en un lado reprimen, persiguen, fustigan y matan, en el otro aceptan la realidad, de que hay miles, cientos de miles de personas migrantes, que quieren quedarse en México. Las razones prácticas son evidentes. No se puede tener a las personas en campamentos, en casas de migrantes saturadas, haciendo filas interminables y dilatando, a propósito, los procesos de documentación y regularización. En el pasado, pero también en el presente, México ha sido generoso otorgando refugio. En los últimos cinco años México ha reconocido a un cuarto de millón de refugiados. En términos numéricos es la mayor de la historia y se reconoce públicamente muy poco, tampoco la han hecho explicita. Pero las circunstancias han cambiado y Acnur y la Comar no tienen financiamiento internacional y han tenido que reducir su personal.
En épocas anteriores, México ha implementado programas de regularización de indocumentados, pero pasan desapercibidos, posiblemente para no crear un “efecto llamada”. Todo eso está bien, pero hay que dar el ejemplo hoy, en 2026, y hay que publicitarlo y anunciarlo. Simplemente porque tenemos a 5 millones de connacionales que son perseguidos, golpeados, deportados, e incluso algunos han muerto en los centros de detención de la migra.
Urge una amnistía, una regularización, un programa de visas humanitarias, lo que sea, pónganle nombre, den el ejemplo y arreglen la situación de cientos de miles de personas migrantes que ya viven, trabajan y quieren quedarse en México. Pero, sobre todo, no se van a regresar. Eso podría ser, un claro ejemplo de lo que llaman “humanismo mexicano”; una postura política de impacto global y una solución humanitaria, política y práctica eficiente, frente a una realidad que no podemos obviar. Una política de cabeza sensible, dirigida al vecino.
En 2015, en Alemania, Angela Merkel, no sólo regularizó a los migrantes que estaban en su territorio, sino que abrió las puertas a los sirios que estaban varados en otros países. Se regularizó a más de un millón de extranjeros sin papeles, en contra de los dictámenes europeos y en contra de la derecha nacionalista.
Además de una medida humanitaria, le dio a Alemania un ajuste importante a su maltrecha situación demográfica, de un país envejecido y que requiere de mano de obra y personas que den sustento a la seguridad social.
En la actualidad, España da el ejemplo con una propuesta de regularización para medio millón de migrantes en situación irregular. Una propuesta sin distinciones de género, raza o nacionalidad. Un ejemplo para los gobiernos que se dicen, o son, de izquierda, porque estas medidas no las implemente la derecha, más bien las boicotea.
España es el único país de Europa que crece a un ritmo de 2.8 por ciento, mientras el promedio de países es de 1.2. El gobierno reconoce el impacto positivo de la inmigración en su economía y en la sociedad y por eso, precisamente, propone una regularización generosa, pero al mismo tiempo interesada. No sólo eso, la publicita y marca diferencias.












