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Tu colonia

Fue zona de chinampas, potreros y fábricas

Granjas México: de canales a inmuebles deportivos privados

Fundada hace 70 años, sus calles llevan nombres de productos agrícolas

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▲ Zona aledaña al Palacio de los Deportes: a la izquierda, el cruce de Añil y Río Churubusco; abajo la pista del Autódromo Hermanos Rodríguez y donde hoy está el recinto de conciertos Estadio GNP, en gráficas antiguas de 1968 y actuales; el lugar se transformó, pero los vecinos siguen con su vida.Foto tomadas de redes sociales y Luis Castillo
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Periódico La Jornada
Domingo 8 de febrero de 2026, p. 25

La colonia Granjas México, en la alcaldía Iztacalco, se levantó sobre antiguos terrenos agrícolas y ejidales del pueblo originario de Magdalena Mixiuhca, comunidad náhuatl asentada en la zona lacustre del centro-oriente durante la época prehispánica. Hasta mediados del siglo XX, aún persistían en la zona vestigios de los antiguos canales y chinampas del lago de Texcoco, así como extensos potreros donde el ganado pastaba libremente.

Ese lugar comenzó a transformarse con el avance urbano de la década de los cincuenta. Entre las nuevas trazas de calles se establecieron fábricas, surgieron viviendas y pequeños comercios, mientras una parte significativa del territorio con ejidos que también funcionaban, como el panteón comunitario del pueblo, fue expropiada en 1957 durante la administración del presidente Adolfo Ruiz Cortines para dar paso al proyecto de la Ciudad Deportiva.

A sus 90 años, Ulises Aguirre recuerda con nitidez los años en que comenzaron las obras; tenía apenas 20 cuando, además de ser uno de los profesores más jóvenes del Instituto Politécnico Nacional, pues impartía clases en la prevocacional, se incorporó como auxiliar contable en la construcción del autódromo y el velódromo, los primeros complejos deportivos.

Él era responsable de revisar los fondos entregados para cada etapa y recorría de manera cotidiana la obra entre 1957 y 1958, año de su inauguración oficial. “Se esperaba con gran expectación, que hubiera en México ese tipo de construcciones: algún autódromo para las carreras y el velódromo. Había muchas esperanzas de que se terminara para utilizarlo”.

La presencia de ese enorme complejo marcó el carácter de la Granjas México, donde lo rural y lo urbano coexistieron durante sus primeros años. Entre la avenida Té y la calle Canela, donde se levantó la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (Upiicsa), no había más que terrenos abiertos. “Eso era un bebedero de vacas”, recuerda Marco Antonio Cabrera, quien fue de los primeros vecinos en instalarse con su familia en la cuarta cerrada de Cafetal, cuando tenía apenas ocho años.

Desde entonces, las calles rendían homenaje a la identidad agrícola de la zona. En Trigo, los vecinos llevaban a pastar a los animales y por las tardes regresaban a sus corrales. El paisaje seguía siendo, en su mayoría, pura tierra, tan suelta que a veces llegaba hasta la pantorrilla.

Al emprender su camino a la escuela, don Marco se colgaba los tenis al hombro y se remangaba el uniforme azul marino con playera blanca. “Así me iba andando, yo solito me iba”, relata. Ya cerca del plantel, se sacudía la tierra y se ponía los zapatos para entrar limpio a clases. Las condiciones eran precarias, y con el viento volaban las láminas de las casas y los cables, “¡se nos iba la luz!”, exclama.

El mercado nació en 1961 sobre la calle Vainilla, con apenas 15 puestos que los comerciantes instalaban con lazos y tela, narra Rogelio Pascual, carnicero desde hace medio siglo. Al ser reubicados a la calle Resina, en 1972, el tianguis creció hasta los 90 locales, aunque por décadas permanecieron sin baño, así que pagaban en casas vecinas para esa necesidad.

Además, al tratarse de una zona industrial donde había fábricas de cartón y textiles, “se vendía mejor”, pues abastecían de alimento a los comedores de los obreros. Con el tiempo, la ampliación del aeropuerto –a tan sólo unos kilómetros– y la presión inmobiliaria propiciaron el cierre de plantas, lo que convirtió a las antiguas naves industriales en bodegas, estacionamientos y multifamiliares.

Ese crecimiento habitacional terminó por favorecer a Mario Carrera, quien abrió su planchaduría junto con su esposa en 1996, cuando aún había pocos locales establecidos. Al principio “había mucha desconfianza porque nos veían jóvenes”, recuerda.

A comienzos del milenio, la Gaceta Oficial del entonces Distrito Federal impulsó la vivienda de interés social y surgieron conjuntos sobre Añil y Chicle; “más habitantes buscaron servicios de planchado para uso diario y laboral”. Asimismo, la puntualidad en sus entregas le permitió ganar más clientela y sostener el taller por tres décadas.

La Ciudad Deportiva también se modificó. Alfredo Ortiz trabajó desde niño vendiendo tortas y refrescos a las familias y jugadores que acudían, sobre todo los domingos, cuando llegaban a vender “hasta 50 cajas de refresco”. Hoy, el complejo sólo es el Autódromo, el Palacio de los Deportes, el Velódromo, el estadio de béisbol y lo que queda de sus canchas.

“Yo la conocí muy arbolada, con hartos campos, tanto de futbol, béisbol, voleibol, lo que le decían hockey, básquetbol. Había demasiadas de todo y poco a poco las fueron acabando de puro concreto”, lamenta. Ahora “ya no hay juegos infantiles, ya no hay áreas verdes” debido a la privatización.

Pese a que ese paisaje casi ha desaparecido, el relato de los habitantes de la Granjas México permanece como el último resguardo de su historia.