e faltó poquito más de un sexenio a mi muy querido maestro León Portilla para llegar a los 100 años de vida, mismos que hubiera cumplido el próximo 22 de febrero. Aunque lo cierto es que, antes de morir, los primeros nueve meses de 2019 se los pasó hospitalizado, luchando en favor de una vida que ya no daba para más.
Las huestes universitarias y de otras instituciones académicas capitalinas, más o menos asociadas con la historia, se aprestan ya para rendirle una serie de homenajes más que merecidos que, sin duda, dejarán profunda huella recordando los espléndidos testimonios que nos legó. No cabe duda que de mi muy estimado y admirado Miguel puede decirse también aquello de que “es uno de los mejores y más famosos intelectuales mexicanos que en el mundo han sido”.
Entre muchísimas obras, podemos señalar que su Visión de los vencidos es uno de los libros mexicanos que se han editado mayor número de veces y se han traducido a más idiomas, pero no es el único. Asimismo, podemos decir que muy pocos mexicanos han sido tan galardonados dentro y fuera de nuestro país.
Solamente un hueco, nada pequeño, por cierto, parece ser que dejará la cauda de actividades que, en el caso de mi entrañable maestro y amigo, serán recordadas por especialistas de primer nivel: su gesta provinciana. Tanto en Jalisco como en Baja California dejó el hombre una profunda huella que en la capital les importa un cacahuate.
Sus estudios sobre la dicha península y su legado bibliográfico y académico son de una enorme importancia, misma que se acrecienta ante la poca ayuda que recibe esa tierra, lo mismo en el norte que en el sur, de los sabios que se acumulan en la capital, incluyendo naturales de ella que ahí residen. El caso es que ahora no parecen hacerle mayor caso los cónclaves capitalinos.
Lo mismo puede decirse de Jalisco… A manera de ejemplo me refiero al caso de Tenamaztli, el héroe de la cazcana a quien León Portilla contribuyó de manera importante en darlo a conocer con su famoso libro La flecha en el blanco, y ahora, entre otras cosas, lo recuerda una estatua sita en el mero centro de la ciudad de Guadalajara, además de que también se llama así el auditorio principal de El Colegio de Jalisco.
El respaldo de don Miguel a dicha institución, allá en los años 90, coadyuvó de manera importante a que dicha institución emergiera con vitalidad, aunque ésta haya menguado mucho durante la segunda década del siglo XXI…
Dicho de otra manera, la “gesta provinciana” de León Portilla no ha sido considerada en las muchas actividades, todas ellas muy interesantes y merecidas, que se han programado para llevarse a cabo en la capital del país, lo cual no deja de ser un motivo de tristeza.
En este sentido nos dio una verdadera lección la Universidad Autónoma de Baja California, que impuso su nombre a la biblioteca del Instituto de Investigaciones Históricas, cuyo fondo básico obsequió el propio maestro.
Mi amistad con León Portilla, que llegó a ser en verdad férrea, comenzó al mediar los años 60 cumpliendo encargos de José G. Zuno, mi maestro en Guadalajara, de los primeros años 60, de llevarle a la Ciudad Universitaria mensajes y libros, primero, y luego su ayuda para mi tesis doctoral, que culminó con aquel aciago examen en El Colegio de México, al término del cual expiró mi maestro José Gaos, flanqueado por él y por mí.
Pero se consolidó en verdad durante los años 80 cuando, trabajando yo en la Secretaría de Relaciones Exteriores, me convirtió en su “segundo de a bordo” de la “Comisión Nacional Conmemorativa del Quinto Centenario del Encuentro de Dos Mundos”, que tanto influyó en el mundo latinoamericano y le “puso el cascabel al gato” a la derecha española.
Vuelto a Jalisco, al término de casi una década capitalina, la relación entre ambos continuó cada vez más estrecha. Repito que mucho le debe El Colegio de Jalisco al hecho de que me ayudara a salvarle la vida y lo dejáramos navegando viento en popa poco más de una década después.
También debo lamentar que mis sucesores en El Colegio de Jalisco se hayan olvidado de él, especialmente los dos últimos, cuya gestión ha resultado en verdad lamentable, al extremo de que el fallecimiento de León Portilla, en 2019, no les mereció a sus dirigentes de entonces ni siquiera un pequeño comentario al menos.












