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Suena irresistible la propuesta de que Meryl Streep protagonice la biopic de Joni Mitchell
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▲ A la izquierda, la cantante y compositora canadiense Joni Mitchell durante la alfombra roja de los premios Grammy de este año. Sobre estas líneas, la actriz estadunidense Meryl Streep, en la 81 edición de los Premios Globo de Oro de 2024.Foto Afp
 
Periódico La Jornada
Viernes 6 de febrero de 2026, p. 8

Cuando Walk the Line llegó a los cines en 2005, vestida de negro, dio forma definitiva a un modelo que Hollywood ha estado copiando desde entonces. La película de James Mangold, ganadora del Oscar sobre Johnny Cash –siguiendo los pasos de Ray, la versión de Taylor Hackford, igualmente galardonada, sobre Ray Charles un año antes– estableció el modelo de biopic musical de forma tan definitiva que el formato se anquilosó de inmediato en un cliché. Infancia problemática, brillantez temprana, ascenso meteórico, drogas y adversidad, un final redentor. Para cuando Walk Hard: The Dewey Cox Story llegó para desmentir toda la farsa en 2007, la parodia prácticamente se escribió sola.

Veinte años después, tras la insulsa y formulista Bohemian Rhapsody, seguimos disfrutando de la misma comida con diferentes guarniciones. A Complete Unknown y Springsteen: Deliver Me from Nowhere (películas biográficas de Bob Dylan y Bruce Springsteen, respectivamente) llegaron con un año de diferencia; el cuarteto de los Beatles de Sam Mendes está previsto para 2028. Estamos en un punto de saturación. Así que la noticia de la película biográfica de JoniMitchell dirigida por Cameron Crowe debería provocar un coro de quejas. Excepto por una cosa: ¡sólo han conseguido fichar a Meryl Streep, “21 veces nominada al Oscar y tres veces ganadora”!

En 2004, rindiendo homenaje a Streep, Nora Ephron –a quien la actriz había interpretado esencialmente en el drama de la vida real sobre una ruptura matrimonial, Heartburn– comentó que ella “nos interpreta a todos mejor que nosotros mismos”. Streep ha recibido dos nominaciones al Oscar por interpretar a músicos: la violinista Roberta Guaspari en Music of the Heart y la socialité desentonada en Florence Foster Jenkins. Su capacidad para encarnar a artistas que operaban fuera de lo convencional resulta especialmente adecuada para Mitchell. ¿Qué podría Streep capturar que sea importante?

La cualidad cerebral, por ejemplo. Mitchell nunca ha sido simplemente instintiva; es intelectualmente rigurosa en su arte y analítica en la arquitectura de una canción. La ausencia de sentimentalismo también: incluso en sus obras más vulnerables, hay una clara negativa a revolcarse en la autocompasión.

Mitchell podía ser quisquillosa, exigente, indiferente a la feminidad tradicional o a la ingenuidad. Creaba arte sin concesiones, a su manera. Streep comprende a las mujeres que se niegan a ser fácilmente categorizadas, que insisten en la complejidad. Y, además, posee la técnica necesaria para que la voz de Mitchell parezca espontánea. Ya sea el trémulo patriotismo de God Bless America en El cazador o la desgarradora melodía country de You Don’t Know Me en Postales desde el filo, Streep sabe cómo usar una canción para desgarrar a alguien.

Luego está Crowe, cuya brillante y agridulce Almost Famous es un himno teñido a la escena del rock desenfrenada que explotó entre el idealismo de los años sesenta y el nihilismo punk. Su guion, ganador del Oscar, capturó no sólo las giras y el glamur, sino también el momento en que la industria musical fue secuestrada por los publicistas. Habiendo empezado a escribir para Rolling Stone a los 15 años, Crowe se sumergió en ese ambiente cuando Mitchell estaba en su apogeo imperial. Entiende no sólo la mitología de esa época, sino también las presiones y posibilidades específicas de ser artista en los años setenta. Más concretamente, ha pasado cuatro años en reuniones regulares con Mitchell, trabajando desde su propio relato de su vida en lugar de una biografía autorizada. “Es a través de su prisma”, ha dicho. Esa intimidad importa.

Al parecer, la película empleará una estructura temporal dual, con rumores de que Anya Taylor-Joy interpretará a la joven Mitchell. De ser cierto, permitiría que la narrativa se moviera entre los años en Laurel Canyon –toda esa bohemia bajo el sol y la historia de amor con Graham Nash que nos dio Willy, de Mitchell, y Our House, de Nash– y las reinvenciones posteriores de Mitchell, sus supervivencias, sus rechazos a convertirse en un artista de renombre. No sólo los grandes éxitos, sino todo el arco argumental.

Y sin embargo. Así comoHollywood se obsesionó con los remakes y las franquicias de cómics en la pasada década, ahora parece igualmente obsesionado con la hagiografía musical. ¿Es sintomático de una industria que se ha quedado sin ideas originales? ¿O simplemente un caso de aprovechar nuestra fascinación por las estrellas de una era musical pasada? De cualquier manera, el historial no es alentador. Springsteen: Deliver Me From Nowhere, en general, obtuvo críticas positivas, pero tuvo un rendimiento inferior en taquilla, recaudando alrededor de 45 millones de dólares en todo el mundo contra un presupuesto de 55 millones. Tampoco ayuda el hecho de que las películas biográficas musicales ahora se enfrentan a la misma acumulación de “no se ven bien” antes de que se filme un solo cuadro. Las fotos de los actores maquillados como John, Paul, George y Ringo en la producción de Mendes inspiraron un alboroto inmediato esta semana. A Complete Unknown, mientras tanto, optó por la creación de mitos sobre los hechos, especialmente en su resolución emotiva final. Parece casi seguro que estas películas decepcionarán.

Por eso la participación directa de Mitchell resulta importante. Es famoso su rechazo a una propuesta de película biográfica protagonizada por Taylor Swift hace años, comentando después con su característica brusquedad que nunca había escuchado la música de Swift. Protege su historia y es selectiva con quién la cuenta. Si ha bendecido esta versión –con la profunda comprensión de Crowe de la época y la habilidad de Streep para la transformación–, dice mucho más que el habitual visto bueno de los herederos. La trayectoria del género exige cautela. Pero este casting sugiere que alguien ha comprendido que se puede beber una caja de Joni Mitchell sin llegar al fondo.