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Urge que EU y Cuba resuelvan sus controversias
U

rge que Cuba y Estados Unidos de América resuelvan por la vía diplomática sus controversias y los conflictos existentes con base en el diálogo y en la discusión civilizada para lograr acuerdos, arreglos y negociaciones que eviten una conflagración, una crisis humanitaria mayor y desastre generalizado en la isla.

Ambos gobiernos deben y pueden asumir actitudes abiertas, sensibles, innovadoras, creativas, flexibles, realistas, respetuosas y con buena intención, alejadas de radicalismos y de odios, pues con ello se aleja el entendimiento y se alienta la cerrazón y la dureza, como está ocurriendo con las sanciones por el suministro de hidrocarburos a Cuba anunciadas por el presidente Donald Trump, con la amenaza de aplicar aranceles a quienes los provean, y de este modo los conflictos, lejos de aminorarse, se agudizarán, con la consecuente crisis social y humanitaria para las y los cubanos.

La situación económica y social en Cuba es grave, delicada y difícil de resolver sin recursos económicos y financieros y menos aún con actitudes hostiles hacia ella. Para superarla se requiere, por un lado, de políticas públicas atinadas de su parte y de inversiones multimillonarias en rubros muy variados por parte del exterior, pero Cuba tiene que abrir su sistema económico y financiero.

Deberán ponerse sobre la mesa de las negociaciones los reclamos, las solicitudes, las exigencias y las propuestas de cada país.

La relación entre los gobiernos de estos dos países ha sido difícil siempre, desde aquellos años cuando Estados Unidos quiso adueñarse del territorio cubano antes de su independencia. Pero también ha habido momentos aceptables en la relación cuando se han sostenido conversaciones útiles, secretas o discretas, como la que se dio entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz, la cual derivó en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, aunque lamentablemente la culminación del mandato presidencial del estadunidense y algunas objeciones ultraconservadoras impidieron cancelar el embargo o bloqueo propinado a la isla desde hace más de 60 años.

Estados Unidos antes fracasó en la pretendida invasión de Bahía de Cochinos o Playa Girón. Luego devino la crisis provocada por la existencia de los misiles soviéticos en territorio cubano y por los misiles estadunidenses ubicados en Turquía, lo cual generó debates y discusiones muy fuertes en el Consejo de Seguridad de la ONU y entre John F. Kennedy y Nikita Krushchev, y con riesgos notables aquello se resolvió.

Pasaron los años y con los demócratas hubo aproximaciones para la distensión, pero con los republicanos las conversaciones se entorpecieron y se dificultó la convivencia, como ocurrió con Ronald Reagan y con los dos Bush. Incluso George W. Bush tuvo alguna vez una baladronada amenazante hacia Cuba, a la que Fidel Castro contestó con una clara advertencia en plan de sorna metafórica: “¡Salve, César: los que van a morir te saludan!” Y así fue transcurriendo la vida de Cuba, con mayor dificultad tras la caída de la URSS en tiempos de Mijaíl Gorbachov y hasta llegar a la era de Trump, que tantas amenazas ha pronunciado en contra, al grado de señalar, injustamente, que el país de José Martí “es una amenaza para la seguridad nacional de su país”.

Pero lo anterior es historia, y hoy lo que más importa es garantizar un porvenir promisorio en la región, y para ello habrá que privilegiar la fuerza de la política y la diplomacia y no la política de la fuerza, la dureza y la cerrazón. Incluso México, como antaño, podría volver a ser factor de equilibrio y conciliación, si las partes lo desearan y lo aceptaran.

En mi opinión, para propiciar la distensión y para superar la crisis, debe celebrarse una reunión urgente entre los dos presidentes para cambiar impresiones generales de manera respetuosa, madura y con ánimo resolutivo y de armonía, y enseguida proceder a instalar mesas binacionales de diálogo, análisis y discusiones civilizadas con el objeto de lograr acuerdos benéficos.

Para empezar, en primer lugar deberá eliminarse el embargo o bloqueo e impulsar apoyos para levantar la economía cubana con beneficios tangibles para el pueblo y para la nación en su conjunto. Cuba, por su parte, deberá abrir la economía, las finanzas y la política para arribar a mejores sitiales democráticos con pleno ejercicio de la libertad en todos los órdenes, y en un futuro cercano incluso promover la apertura y la creación de partidos políticos, círculos y clubes de reflexión y de debate para ventilar a la sociedad. Por otra parte, el gobierno de la isla podría pedir el apoyo de Estados Unidos para atraer capitales privados del exterior que inviertan y propicien crecimiento y desarrollo integral en empleo, salud, educación, cultura, vivienda, construcción de infraestructura, energía, hidrocarburos, industrialización, ciencia y tecnología, turismo e infraestructura hotelera y evolución de la agricultura, la ganadería y la pesca.

Habrá que esperar qué es lo que piden a cambio los representantes del gobierno estadunidense.

Es de esperarse que el secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, por el origen cubano de sus padres y sus raíces y cultura muestre su evolución en el discurso y en la práctica, con sensibilidad, madurez y solidaridad para con sus compatriotas que viven en Cuba, con visión de largo aliento para contribuir positivamente y convencer con su influencia a Trump con el fin de buscar soluciones de progreso y de prosperidad compartida aun con enfoque empresarial y de negocios para los capitales estadunidenses y los provenientes del resto del mundo.

Se vale soñar y desear lo mejor con la mejor intención.

* El autor fue embajador de México en Cuba durante el gobierno del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León