Documental de Rafael Rangel cuenta el periodo que se inicia con el retorno de los pobladores a Gaza tras el cese el fuego de 2025
Jueves 5 de febrero de 2026, p. 8
El documental La gran Palestina es una estremecedora y potente apuesta por mostrar la dignidad y el sufrimiento de ese pueblo que a través de imágenes y su propia voz colectiva cuenta el periodo que inicia con el retorno de los pobladores de Gaza tras el cese el fuego de inicios de 2025. La pieza dirigida por Rafael Rangel plasma la esperanza y resiliencia de una sociedad manchada a diario por el genocidio orquestado por Israel.
La función, que se desarrolló ayer en la Cineteca Nacional, conjuntó poesía y música con el dolor de la cultura gazatí, que cantando regresa a su hogar en una movilización de 300 mil personas para retomar su vida, reconstruir su entorno y rencontrarse con sus vecinos y familiares.
Rangel dijo que la película muestra la resistencia surgida a partir de casi 80 años de hostigamiento por una nación más poderosa y será exhibida en la Universidad Cornell. Entre los palestinos se conserva una estructura basada en el amor y el compromiso solidario contra el bombardeo, el hambre, el confinamiento y la tergiversación de la verdad.
El largometraje de 102 minutos de duración, segunda parte de una trilogía precedida por Gaza: La franja del exterminio, inicia con la fotografía de los judíos llegando a las costas palestinas tras la Segunda Guerra Mundial en la que se lee una manta que clama: “Los alemanes destruyeron nuestras familias y hogares. No destruyan nuestras esperanzas”.
A través de un mensaje en video, Nadya Rasheed, embajadora de Palestina en México, destacó que la cinta “aborda esta realidad con seriedad y profundidad. La gran Palestina es una obra dura, pero también profundamente conmovedora.
“Expone un sufrimiento inmenso y, al mismo tiempo, deja ver algo que con frecuencia se intenta borrar: la resiliencia del pueblo palestino. A pesar de la violencia extrema y de la pérdida, sigue aferrado a la vida, a la dignidad y a la esperanza.
Agregó: “esas imágenes nos recuerdan que detrás de las cifras hay familias, afectos, vínculos que han sido brutalmente interrumpidos. La película también deja claro que el sufrimiento en Gaza no ha terminado”.
El segundo capítulo exhibe el retorno de miles de personas que encontraron refugió en Rafah a raíz de las operaciones israelíes en Gaza. Vuelven con alegría y confianza en recuperar su existencia, cantan, caminan orgullosos y se abrazan junto al mar con quienes perdieron de vista meses atrás.
Una mujer cuenta que nació en la bella Gaza y es su orgullo. Recuerda que “la vida era muy buena en Gaza”. Esto da paso para atestiguar la desaparición de casas y barrios enteros, y la forma en que fue tan palpable la destrucción que apenas se atisban los trazos de las calles por los restos y estructuras colapsadas por los ataques.
Desde ahí empieza una nueva parte del horror. Rangel refirió a La Jornada que Israel “nunca respetó el cese el fuego. En marzo reinició el bombardeo de lo que quedó de Gaza, o sea, atacaron escombros y casas de campaña. Es una cosa ya brutal. Si lo anterior ya lo era, esto ya es innombrable”.
El público en la sala se encontró sumido en un silencio absoluto, sólo roto por un par de personas que salen o la respiración cargada que en ocasiones suena a un sollozo contenido. Se llora, las personas se llevaron las manos a los ojos de forma recurrente. Las imágenes son perturbadoras, si antes las ruinas no lo eran.
Se cuenta la historia de un adolescente detenido cuando estaba herido de bala y cuyos maltratos y torturas le produjeron esquizofrenia a la vuelta de los años en prisión. Más adelante se relatan las mayores angustias: las explosiones sin advertencia de edificios, el bombardeo que continúa cebándose en las pocas construcciones en pie o inclusive entre las tiendas de campaña, alguna de ellas concurrida por periodistas palestinos, cuya cifra de muertos alcanza los 211 desde 2023.
Un nuevo apartado muestra un aspecto desolador del conflicto, el que lleva a la inanición a los habitantes confinados en Gaza, pues en marzo de 2025 se bloqueó la entrada de ayuda humanitaria y se creó una situación de hambruna sin parangón en la historia.
Las escenas muestran a las niñas llorando en los puestos de reparto del exiguo alimento o un hombre que se desvanece a punto de recibir una mínima ración. Los niños consumidos por el hambre que recuerdan a los campos de concentración nazis.
Se alerta que si la situación persiste, se espera que 71 mil niños sufran desnutrición aguda en los próximos 11 meses. Lo comprueban la presencia en pantalla de bebés con las costillas visibles, la mirada perdida y la respiración agitada. Las visiones de un infierno cotidiano.
Es angustiante la contemplación de personas llorando a sus muertos: niños mutilados, padres en shock cargando a los restos de sus hijos cubiertos de polvo. Una mujer le habla al cadáver de su pequeño, le ofrece cantarle un arrullo, se despide. “Mi hermoso bebé. Mi hermoso hijo”, repite, fuera de sí.
El epílogo es la historia del paramédico de 23 años Rifaat Radwa acribillado por fuerzas militares junto a 14 colegas en ambulancias y vehículos de emergencia bien identificados y con luces prendidas, mientras trataban de asistir a heridos en un área considerada segura por Israel.
En el video grabado en el celular del paramédico se ve avanzando por un camino desierto con luces prendidas hasta que llegan junto a otra ambulancia y recibe un nutrido fuego. Se le escucha decir: “Nos han rodeado. Nos están matando”.
Mientras arrecia la balacera y los gritos de hombres, se le escucha con pánico: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su mensajero”. Y concluir: “Madre, perdóname. Elegí este camino para ayudar a la gente. Señor, acéptame”
Los paramédicos fueron hallados días después en una fosa común una semana después de sudesaparición. Se sumaron a losmás de mil 500 integrantes de personal de salud fallecidos en este lapso.
La gran Palestina tendrá una última función hoy en la CinetecaNacional.











