elaya, mi ciudad, fue durante casi una década uno de los municipios más violentos del país. En parte se debe a su situación geográfica como cruce de caminos, pero no sólo a eso: durante 30 años los gobiernos locales y municipales le apostaron al más ortodoxo neoliberalismo basado en la industria maquiladora y a la educación de “calidad”, que trajo el deterioro de la educación pública y su sustitución por escuelas privadas, la mayoría patito: Celaya fue un experimento privilegiado del ataque neoliberal contra la educación pública (https://www.jornada.com.mx/notas/2021/ 05/04/politica/ manual-para-destruir-la-educacion-publica/). El resultado fue la marginación de las colonias precarizadas, la falta de oportunidades para los jóvenes, y el abandono del fértil campo del Bajío, con migración creciente hacia Estados Unidos y hacia la ciudad. Y la violencia.
Afortunadamente, se ha detenido la espiral ascendente de la violencia desde que asumió la presidencia municipal el maestro Juan Miguel Ramírez Sánchez, luchador de izquierda y prestigiado académico de la Universidad de Guanajuato (campus Celaya), quien desde el inicio de su administración empezó a atacar las causas de la violencia, apostando al crecimiento integral. Parte central de esa estrategia es la apuesta al fortalecimiento de la educación pública en el margen de las atribuciones que tiene como presidente municipal, y el impulso de la cultura y el derecho al tiempo libre.
La maestra Aleida Ocampo Jiménez, directora del Instituto de Arte y Cultura de Celaya, me hizo llegar un resumen ejecutivo de la propuesta cultural. De los siete puntos centrales, quisiera resaltar “el programa EsperanzArte (espacios populares de reconstrucción social por medio del arte), que se consolidó como política pública de formación artística inicial, participación y atención a las causas, dirigida a infancias, juventudes, mujeres, familias y grupos prioritarios. Su propósito es garantizar la participación en procesos artísticos desde el territorio, fortalecer habilidades de convivencia social, implementar mecanismos de transformación y ampliar el derecho a la cultura en sectores históricamente excluidos de la oferta institucional”. En 2025 se crearon o rescataron 40 centros culturales en activo, con más de 187 talleres gratuitos y eventos culturales, a los que asistieron más de 27 mil personas. “Este modelo territorial contribuye a la prevención social, la convivencia y la construcción de paz desde la cultura.”
También se construyó el primer Pilares (Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes) en las instalaciones del DIF, un espacio que está lleno, con talleres literarios y de producción artesanal, lecturas, poesía, yoga, ajedrez, artes marciales y otras actividades, en uno de los barrios más abandonados y violentos. Este año vienen más Pilares. Y recién inauguramos la librería Jorge Ibargüengoitia, del FCE, que en menos de un mes ya es un polo de promoción de la lectura. En el acto inaugural, mi hermano Luis Arturo y un servidor recordamos, ante un millar de asistentes (entre ellos Paco Ignacio Taibo II, quien inauguró la librería; el alcalde Juan Miguel y su esposa, Laura Casillas, maestra y promotora cultural; los legisladores Antares Vázquez, Malena Rosales, Edith Moreno y Antonio Chaurand, y muchos amigos), lo difícil que era leer en Celaya hace unos años, cuando sólo había una librería y una biblioteca dignas de ese nombre. Ya no: de la mano de la maestra Laura Casillas, empiezan a florecer los círculos de lectura.
Ahora, con la maestra Aleida y el maestro Roberto Ramírez Palomares, presidente del Consejo de Turismo de Celaya, impulsamos la creación del Museo de las Batallas de Celaya, aquellas que en 1915 definieron el rumbo de la Revolución Mexicana y la derrota de la facción campesina y popular encabezada por Francisco Villa y Emiliano Zapata.
Sería el primer museo en México dedicado a exponer y explicar una batalla y sus resultados, temática muy exitosa en Europa y Estados Unidos. El museo recuperará el sitio donde durante parte de la batalla estableció su cuartel general el jefe victorioso: lo que fue la fábrica La Internacional, reconvertida luego en El Buen Tono. Se propone convertir al museo en un eje de turismo histórico cultural que detone un pequeño museo de sitio en la estación del ferrocarril, en el marco del rescate del tren México-Guadalajara, y sea gancho para el turismo histórico en el resto de la ciudad. El museo mostrará a los jóvenes y niños de las colonias marginadas de Celaya (la batalla se libró fuera de la ciudad, y sus espacios fueron ocupados después de los años 70 por esas colonias) que los lugares donde viven tienen esa historia, y buscará vincularlos, arraigarlos a ella.
Y sería un proyecto conjunto, porque si bien lo impulsa el gobierno municipal, deberá contar con la anuencia y apoyo del gobierno del estado, encabezado por Libia García Muñoz Ledo, una persona mucho más sensible a los problemas sociales que sus predecesores, y proveniente de un partido político distinto del municipal. El conjunto de El Buen Tono (tres edificios, en el menor de los cuales proponemos instalar el museo) ha sido cedido por el gobierno estatal al Consejo Coordinador Empresarial (CCE) para un espacio de promoción tecnológica, que indudablemente se retroalimentaría con el museo histórico como un polo de educación y cultura creado y apoyado por los tres niveles de gobierno independientemente de posiciones o partidos, y la sociedad representada por el CCE. Estamos a la espera de la respuesta del gobierno estatal y el CCE para arrancar los trabajos con la mejor empresa museográfica de México.












