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Bastonazo a Salomón Jara
P

or donde se le vea, el resultado del referéndum revocatorio del pasado 25 de enero en la tierra de Benito Juárez muestra que la famosa primavera oaxaqueña se marchitó sin llegar a florecer nunca. El ejercicio fue un contundente bastonazo contra el gobernador Salomón Jara. El segundo estado más obradorista del país es ahora un lastre contra la 4T.

Con la consulta, Jara quiso autopromoverse y legitimarse, mostrar músculo y proyectarse nacionalmente. Aparecer como un político confiable, querido por la gente, capaz de conducir su estado sin sobresaltos. Pero su apuesta fue un búmeran que se regresó en su contra. Lo que evidenció fue rechazo, debilidad y un enorme hartazgo social en su contra. Ni siquiera con los millonarios recursos de que dispuso, la operación alcanzó resultados creíbles. Su puesta en escena fue un fiasco.

Ni siquiera pudo ganar en la casilla en la que sufragó, la número 0576 del distrito local 12. Allí, 375 personas votaron por que se vaya, y sólo 182 por que continúe. Quedó claro que en la capital del estado no le tienen ni tantito amor. Los siete distritos de la zona metropolitana de Oaxaca y valles centrales le propinaron una tunda de antología. En el distrito de Oaxaca, siete de cada 10 votantes lo quieren fuera del gobierno.

En municipios tan emblemáticos para la lucha de los pueblos originarios como Ayutla, Tlahuitoltepec y Totontepec, ganó que Salomón se retire. Por eso, la lingüista ayuujk Yásnaya Elena Aguilar pregunta: “¿Esto tendrá como consecuencia que se le deje de dar bastones de mando patito a Jara cuando venga? Ojalá, porque en estos pueblos se votó para que se vaya. Arriba la comunalidad, abajo la injerencia de los partidos políticos”.

Lo que debió ser un ejercicio democrático ejemplar se transformó en lamentable espectáculo. Los viejos tiempos de la alquimia electoral priísta siguen siendo los nuevos tiempos de la mapachería oaxaqueña. La consulta de Estado a manos de Jara evidenció una administración pública viciada que, sin pudor alguno, echó mano de caídas del sistema, coacción y compra de votos, ratón loco, carrusel, urnas embarazadas, acordeones, uso de programas gubernamentales para inducir el voto, alteración de actas y amenazas a empleados públicos y alcaldes, como en los mejores tiempos.

El diputado local del Partido del Trabajo (PT), Dante Montaño, calificó las anomalías como “sumamente graves”. Señaló que tan sólo en las casillas se documentaron amenazas, intimidación o intentos de “comprar” a 800 de sus representantes. Su partido documentó irregularidades en 700 urnas.

La lista nominal de electores en la entidad tiene 3.1 millones de ciudadanos. Según los datos oficiales, participaron 935 mil 500, 29.9 por ciento. Al no alcanzar 40 por ciento, los resultados no fueron vinculantes. A favor de que el gobernador continúe se contabilizó 58.82 por ciento de los votos, y por que se le revoque el mandato se sumó 38.16 por ciento de los sufragios.

Pero, en esas cifras, a los votantes reales se les sumaron votantes fantasmas. Los muertos salieron de sus sepulcros y los enfermos de los hospitales para acudir a las urnas. En varios lugares alejados de los centros urbanos, bajo el control de caciques y malosos, hicieron un verdadero cochinero. En una sola casilla se depositaron mil 500 votos. ¡Todo un récord olímpico!, pues supone que votó un ciudadano cada 22 segundos. A pesar de que en Putla Villa de Guerrero hay, tan solo, 34 mil habitantes, aparecieron 47 mil votos. En Ocotlán de Morelos viven 23 mil personas, pero hubo 28 mil sufragios.

Se detectaron, por lo menos, 61 casillas zapato, esto es, se registró una participación anormalmente alta, en su mayoría por la continuidad del gobernador. Por ejemplo, en la casilla 1760-C1 de Santa Lucía del Camino se contaron mil 316 votos, de un padrón de mil 298 personas inscritas. Faltaba más, la casi totalidad fueron favorables al mandatario.

Reafirmando su posición apartidista, el magisterio democrático de la sección 22 sostuvo que la revocación del mandato era una simulación política que no respondía a las demandas legítimas del pueblo, ni garantizaba una participación plena, consciente e informada de la sociedad, por lo que carecía de legitimidad popular. Llamaron a fortalecer la organización popular, la conciencia crítica y la lucha colectiva contra el sistema político. Importante, también, fue el posicionamiento de Unidad Anticapitalista de Pueblos Organizados (Unapo).

Es el sello de la casa. Salomón Jara acostumbra comportarse como si fuera una mala copia de Andrés Manuel López Obrador. Repite sin imaginación las frases del ex presidente. Así que, en esta ocasión, en una muletilla que le viene a él como traje a la medida, le dijo a sus críticos: “tonto es aquel que piensa que el pueblo es tonto; tonto es aquel que piensa que al pueblo de Oaxaca se le puede manipular o se le puede engañar”. Y sostuvo que se trató de un ejercicio legítimo de evaluación y rendición de cuentas.

Diversos factores se sumaron para provocar su descalabro. No es sólo la soberbia del gobernador ni lo mal que hace su labor al frente del cargo. Sus “operadores” no bajaron los recursos y los presidentes municipales le cobraron la factura, a cuenta de las obras que les condicionó. Pero, más allá de estos factores, el resultado es producto de la ofensa que representa su nepotismo. El jefe del Ejecutivo se ha despachado con la cuchara grande colocando a sus parientes en todo tipo de chambas. Una manía que otros funcionarios locales replican alegremente, a lo que se suman acusaciones de corrupción y de asociación con indeseables de todo tipo.

Salomón Jara ya no es confiable (si alguna vez lo fue). A partir de su precedente, pareciera ser poco probable que algún gobernador quiera aventurarse a refrendar su mandato. Por si fuera poco, está por verse si, desde el gobierno federal, lo dejan operar en su estado el nombramiento de su sucesora y la consulta revocatoria de la Presidenta.

X: @lhan55