Esquelas cotidianas // Aporte de lectores de La Jornada // Groenlandia, rica en agua, petróleo y gas natural // Panistas esperan al invasor
uando el ejemplar de La Jornada de este viernes llegó a mi casa, y yo esperaba que junto con los buenos días, mi servicial asistenta me ofreciera el acostumbrado té de boldo mezclado con un tantito de diente de león (brebaje muy recomendado contra el derrame de bilis), me disponía a hojear y ojear, en una primera y rápida vista, las fúnebres esquelas cotidianas en las que se ha convertido la información sobre los acontecimientos ocurridos en territorios muy cercanos o ubicados en remotas latitudes (mientras usted y yo hacíamos esfuerzos por dormir). Al despertar, la geografía ni la política son ya las mismas: nos dormimos con un mundo y nos despertamos con otro. Con gran desazón leo las cabezas de la portada y la contraportada. Y siempre cavilando lo difícil que debe ser escoger para esas páginas sobresalientes el asunto más impactante entre lo malo y lo peor, no me pierdo La Rayuela, aunque a veces para entenderla tenga que haber leído de pies a cabeza mi cotidiano tabloide. Antes de llegar a los colaboradores que diariamente me ilustran sobre muy diversos tópicos, mi primera lectura se la dedico a El Correo Ilustrado. Allí he encontrado ideas, datos, frases, múltiples denuncias y emocionantes solidaridades. Más de una vez he sentido la gana de inmiscuirme en alguna de esas espontáneas colaboraciones porque comparto o rechazo lo que en ellas se expone, pero luego de pensarlo bien, comprendí que me estaba convirtiendo en un Trump cualquiera, invadiendo un terreno sobre el que los lectores son propietarios absolutos. Fue así que leí la carta que envió el catedrático de la Facultad de Filosofía Javier Balanzario Zamorate, en la que nos brinda información básica sobre uno de los países más pequeños del globo terráqueo y que, sin embargo, puede convertirse en uno de los puntos que la insania de los invasores ha considerado estratégico para hacer realidad su sueño de convertirse en el imperio mundial.
Nos comparte el maestro Balanzario algunos datos que no se incluyen en ninguna de las miles de páginas que todos los días hacen referencia a este territorio. Groenlandia tiene una extensión de 2.2 millones de kilómetros cuadrados y en 1983 fue bautizada por el vikingo Erik El Rojo (no sé por qué) como “tierra verde”, pues su superficie está cubierta en 85 por ciento de masas de hielo con temperaturas de menos de 50 grados centígrados y hasta de 3.5 kilómetros de espesor. Australia es la isla más grande del planeta, pues tiene una extensión de 7.7 kilómetros, mientras Groenlandia ocupa el segundo lugar, con 2.2 millones de kilómetros cuadrados. Vale la pena anotar que Groenlandia conserva 10 por ciento del agua potable del mundo. Esto, sin ignorar que, además, este pequeño país es rico en petróleo y gas natural. Y, algo que no se dice, pero tampoco se puede ocultar, Groenlandia es un territorio de primera importancia en una conflagración mundial.
Mette Frederiksen, primera ministra danesa, viajó a Groenlandia para reiterar el apoyo no sólo de sus habitantes (casi la totalidad de ellos nacidos en esa su nieve, para nosotros, su tierra), sino de todos los terrícolas que constituyen el Reino Unido. Si las cosas llegan a mayores, ¿cuántos ciudadanos de Irlanda y Escocia se amontonarían para defender un apéndice de su país? Y en Estados Unidos, ¿cómo se incorporarían a las filas los yankees y los rebeldes del sur? Estas interrogantes son más difíciles de resolver que si las formuláramos en referencia a los directivos de Acción Nacional. Ellos no tienen más trabajo que desempolvar los atuendos de sus bisabuelos, que esperan con banderitas la llegada del invasor.












