Simpatizantes de Trump se dividen entre intervencionistas y los que dan prioridad al desarrollo del país
Viernes 30 de enero de 2026, p. 22
Washington y Nueva York., El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sólo durante este mes, amenazó con bombardear Irán, invadir Groenlandia y realizar ataques militares contra cárteles en México (aunque después descartó una incursión y este jueves elogió a la presidenta Claudia Sheinbaum); también decepcionó tanto a liberales como a conservadores antichavistas al destacar su relación “positiva” con la mandataria encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Gran parte de la base conservadora del Partido Republicano de-saprueba las aventuras bélicas en el extranjero. “Estados Unidos no debería de interferir en otros países que tienen vínculos limitados con nuestra nación”, opina una mayoría de integrantes de ese partido en un sondeo realizado por Politico y publicado esta semana.
En torno a México, en esa misma encuesta, 44 por ciento de quienes se identifican como parte de las filas del llamado Make America Great Again (MAGA) de Trump, opina que Estados Unidos “no debería” lanzar acción militar en el país vecino.
Antes de respirar con alivio, 39 por ciento de los simpatizantes de MAGA apoyan emprender acción militar en México. Más aún, el respaldo a una intervención castrense en nuestro país es más alto que los que desean una operación bélica contra Cuba.
Pero la opinión pública no es la única ni necesariamente la de mayor influencia sobre la política exterior estadunidense y a veces sólo refleja lo que escuchan de este mandatario. Por ejemplo, en ese mismo sondeo fue sorprendente que 21 por ciento de la base MAGA opina que se debería tomar acción militar contra Islandia –país que nunca ha estado en la lista de posibles blancos de este presidente o los previos–. Todo indica que es resultado de que Trump repetidamente cometió el error de confundir Islandia con Groenlandia en sus discursos.
Las diversas corrientes e influencias
A veces sorprenden las suposiciones sobre las aparentes líneas ideológicas dentro de la cúpula. Por ejemplo, ha sido difícil explicar, aun para algunos de su propio círculo, el hasta ahora endoso al gobierno venezolano de Delcy Rodríguez.
El secretario de Estado, Marco Rubio, fue interrogado repetidamente en una audiencia en el Congreso esta semana, si el presidente Trump está, tal como ha dicho, más interesado en el acceso al petróleo y minerales en países como Venezuela, o si su motivación era frenar el narcotráfico o si la meta es más que nada enriquecerse junto con su familia y amigos.
“Versiones señalan que ustedes han otorgado licencias sin concurso a dos empresas para vender el petróleo venezolano, una de las cuales es una donante masiva del presidente. Para muchos estadunidenses, eso apesta”, declaró el senador demócrata liberal, Chris Murphy, en la audiencia con Rubio.
También le preguntó “si Delcy Rodríguez, quien es una líder no electa y encabezó los operativos de tortura de Nicolás Maduro, sigue en el poder en seis meses, ¿eso implica que tu política es un éxito o un fracaso?”.
Se invierten los papeles
De manera sorpresiva, fueron los demócratas liberales quienes criticaron al gobierno de Trump de no llevar a cabo un cambio de régimen a fondo en Venezuela, mientras Rubio se vio obligado a defender a los chavistas aún en el poder.
Para Trump, casi siempre sus políticas tienen que ver con el dinero. Su fortuna personal se ha incrementado más de mil millones de dólares sólo en su primer año como presidente, mientras su esposa e hijos han prosperado con su padre en la Casa Blanca. Pero también hay intensas pugnas sobre política exterior dentro de su gabinete y círculo íntimo. Ha trascendido que el secretario Rubio y el subjefe de gabinete Stephen Miller son campeones de las acciones militares contra Venezuela, Irán e incluso a Cuba, mientras el vicepresidente JD Vance y el hijo mayor del mandatario, Donald junior, junto con otros en las filas de MAGA, son más renuentes y fieles a las promesas de campaña del magnate de evitar más aventuras bélicas e invasiones en otros países.
El republicano llegó a la Casa Blanca en parte por votantes MAGA enfurecidos por el gasto que implicaron guerras interminables mientras no se atendía a “Estados Unidos primero”, el otro lema del movimiento trumpista.
“Donde el partido y el presidente proceden de manera irreversible, la plataforma clave de este movimiento conservador, son el an-tiglobalismo, el realismo y moderación en política exterior, restricciones en inmigración y nacionalismo comercial”, explicó Curt Mills, el director de la publicación American Conservative, en un foro organizado por el Stimpson Center este jueves.
Las voces claves en este movimiento, agregó Mills, son los comentaristas y conductores de podcast Tucker Carlson y Joe Rogan, cada uno de los cuales goza de miles de seguidores, junto con el ex estratega político de la Casa Blanca, Steve Bannon –quien tiene un millón de simpatizantes en sus redes sociales– y la ex diputada Marjorie Taylor Greene.
Carlson y Greene calificaron de un error y mal uso de recursos la operación militar estadunidense para secuestrar a Nicolás Maduro ordenada por Trump.
Rogan, con 20 millones de suscriptores en YouTube, declaró que sería una “idea terrible” continuar con las acciones militares contra Venezuela, mientras comparó las tácticas de los agentes federales de migración en Mineápolis con las de la Gestapo. Estos personajes fueron claves en el triunfo de Trump.
Los conservadores
Sin embargo, sectores tradicionales del Partido Republicano siguen siendo intervencionistas. El senador Ted Cruz, con ambiciones presidenciales en 2028, apoyó abiertamente el secuestro de Maduro, favorece mayores medidas para derrocar el gobierno de La Habana (es cubanoestadunidense) y es feroz campeón en su apoyo incondicional a Israel. Una mayoría de colegas en su partido en el Congreso coinciden con él en el ataque contra Venezuela y amenazas bélicas a Irán.
Más cerca de casa, muchos de estos políticos, a pesar de sus diferencias, coinciden en que Estados Unidos debe tomar acciones cada vez más firmes para abordar la crisis de drogadicción en territorio estadunidense y, como parte de ello, “cerrar” la frontera, criticar a México por fallar en el control del narcotráfico y la migración, todo lo cual califican de amenazas a la “seguridad nacional” del superpoder.
Como parte de esa narrativa, se sospecha y hasta se acusa a México de ser un socio poco confiable. El libro recién publicado del derechista Peter Schweizer –un socio de Bannon y frecuente participante en el programa de Carlson– acusa que existe un tipo de complot del gobierno mexicano y su partido Morena para promover un “golpe invisible” en Estados Unidos a través de sus emigrantes.
Después del endoso de Trump en sus redes sociales, el texto El golpe invisible ascendió al número uno de la lista de los libros de no ficción más vendidos esta semana.












