xfam ha hecho públicos dos informes importantes. A nivel internacional, presentó el documento Contra el imperio de los ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios y para México: Beneficios en fuga. El primero revela que en 2025 la riqueza de los milmillonarios aumentó tres veces más rápido que la tasa anual promedio de los cinco años anteriores, que ya era muy elevada. Estos milmillonarios no solo han acumulado más riqueza de la que podrían gastar jamás ellos, sus hijos y nietos, sino que usan su riqueza para asegurarse el poder político y definen las normas que conforman nuestras economías y rigen las naciones. La brutal desigualdad está erosionando las democracias.
En Beneficios en fuga, Oxfan reconoce que en México tenemos un gobierno electo democráticamente que postula el concepto de prosperidad compartida como punto central de su agenda. Sin embargo, para que efectivamente la prosperidad que generan los trabajadores se distribuya, el gobierno debe dejar de ser un ente político, corrigiendo las dinámicas destructivas que extraen nuestros recursos privatizando en pocas manos los beneficios. Para lograrlo, la ciudadanía debe apoyar que el Estado rompa con la lógica de despojo y extracción, deteniendo la fuga de beneficios.
A nivel global, Oxfam señala que “la desigualdad extrema, los milmillonarios y sus cómplices políticos se han convertido en un obstáculo para la libertad política y los derechos humanos de la mayoría de la población”. Este “obstáculo” ha aumentado desde la llegada de Trump al gobierno estadunidense. Se ha instaurado, como muy bien lo advirtiera el primer ministro canadiense, el poder del más fuerte. De modo que resulta absolutamente imperativo actuar para defender la democracia de la amenaza de los superricos y de sus gobiernos, lo que nos permitiría estar en condiciones de construir un futuro más justo.
En México, los milmillonarios cuya fortuna en los años de AMLO se mantuvo prácticamente constante en términos reales, pasaron de ser 10 a 22 personas. Varios de los nuevos integrantes de este grupo son herederos: los hijos de A. Bailleres, los de J.F. Beckman, los Coppel, al repartirse sus fortunas cada uno de ellos se hizo milmillonario. Esto es posible porque en México no existe un impuesto a las grandes herencias, lo que permite, como indica atinadamente Oxfam México, “dinastías familiares, donde los apellidos que encabezan la lista de milmillonarios se mantienen intactos”; tampoco hay “un impuesto a las grandes fortunas que detenga o retrase el proceso de acumulación de la riqueza extrema en unas cuantas manos, en su mayoría resultado de la sostenida relación de conveniencia entre el poder público y el privado”.
Un mejor futuro, en el mundo y en México, exige acción ciudadana y de gobiernos que entiendan que hay que defenderse de los multimillonarios. A nivel global, Oxfam propone un plan de acción global: primero, los países deben reducir drásticamente la desigualdad económica, formulando Planes Nacionales de Reducción de la Desigualdad (PNRD) realistas y con plazos establecidos, proponiéndose alcanzar un coeficiente de Gini inferior a 0.3 o un índice Palma del 1. Segundo, es necesario frenar el poder de los superricos gravándolos para reducir su poder económico y su poder político. Tercero, para lograr esto, las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos, otros movimientos de grupos excluidos y las redes ciudadanas son esenciales.
En México impedir que los beneficios económicos que producimos los mexicanos se fuguen requiere, como señala Oxfam, un andamiaje institucional nuevo que busque transformar de fondo la economía. Tres principios que contribuirán a un cambio significativos son: 1 redistribución: que los beneficios de la economía no sean para unos cuantos, sino que se asignen entre todas las personas, comunidades y empresas, priorizando a quienes menos tienen; 2 progresividad: que las políticas prioricen a quienes han sido más vulneradas históricamente y que quienes han despojado y extraído asuman la responsabilidad y los costos de los daños económicos, sociales y ambientales que han provocado; 3 corresponsabilidad: es necesario que en la relación entre lo público y lo privado, el Estado, las empresas nacionales e internacionales y las comunidades operen en beneficio de todas las personas.
En momentos críticos, como lo que estamos viviendo, importa saber que hay propuestas para hacer posible la construcción de un futuro mejor para todas y todos.












