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Surgimiento de la educación Freinet en México
P

roseguiré escribiendo sobre la llegada a México de la educación Freinet, hacia el año 1933, conforme a lo que expliqué en mi columna anterior (5/1/26). El paso siguiente para mi tanteo se anunciaba sencillo y rápido: ubicar Lomas de Chajo en la amplia geografía mexicana. Escribí al Instituto Nacional de Estadística y Geografía, pero la respuesta del 16 de abril de 2004 fue que en los registros institucionales, entre 1920 y 1950, no se hallaba Lomas de Chajo.

En junio de 1987 (ya va para 40 años), tuve el gusto de conversar por teléfono con Ramón Costa Jou, otro destacado freinetista español exilado en tierras mexicanas; la llamada fue unos meses antes de su muerte, por lo que no logré conocerlo en persona. Lo busqué para pedirle que, por favor, me proporcionara el título de la revista, dirigida por él en México, en la que José de Tapia escribía sobre temas educativos. Pepe no recordaba el dato, pero Ramón no lo dudó, y procedí a anotar que la cabeza es Amenidades e Intimidades, página “Ideas sobre educación”.

Más adelante acudí a la Hemeroteca Nacional, en la Ciudad Universitaria, y conseguí fotocopiar las columnas de Tapia que alcancé a localizar; pero, para ser sincero, enfrascado como estaba, primero en la investigación sobre la historia de vida de José de Tapia, y después en el freinetismo español, tras una primera lectura ligera decidí archivar esos artículos y mantenerlos casi olvidados hasta 2014, en que, como explicaré enseguida, sucedió algo inverosímil. Unos de los pormenores aportados por Tapia los registré, eso sí, tal cual los reproduzco ahora: el maestro Enrique Zavala Ortega realizó en Michoacán, por la década de 1950, una experiencia Freinet peculiar en la escuela Francisco I. Madero, dentro de un pueblo indígena llamado Huáncito.

Durante el anunciado año 2014, estaba a punto de imprimirse una edición de aniversario del libro Un maestro singular: Vida pensamiento y obra de José de Tapia y Bujalance. La noche anterior a la entrega del material al editor casi no dormí, pues hube de detallar varias cuestiones pendientes, una de ellas, la localización de Lomas de Chajo dentro del mosaico del freinetismo mexicano. Tuve una corazonada, me concentré cuanto pude. Surgió en mi pensamiento la siguiente duda: ¿por casualidad guardará alguna relación Lomas de Chajo con Huáncito? Algo me movió, como si el maestro Tapia me zarandeara; rebusqué viejos papeles y, cuando me di cuenta, tuve en mis manos la carpeta en donde conservo los artículos de Amenidades e Intimidades. No tardé en repasar el que habla del maestro Zavala, fechado el 23 de agosto de 1951 y titulado “Nuestras esperanzas”. Lo leí con sumo cuidado, no es extenso, y encontré ahí el secreto, un regalo más de ésos muy especiales que me ha dado la vida. Pude leer con toda claridad lo siguiente: “Queremos y necesitamos hombres como Enrique Zavala Ortega que, allá en su escuelita de Huáncito, como antes en la de Unión y Progreso, ejido del municipio de Charo, Michoacán, engendra con sus niños el Jimbani Tsipikua (Vida Nueva), elocuente cuaderno de trabajo, impreso por los escolares, y lanzado al mundo para enterarlo de sus inquietudes, de sus afanes, de sus vibraciones anímicas”.

Está por indagarse la época precisa en que el maestro Zavala pasó por Lomas de Charo, pueblo campesino de escasos 350 habitantes. Coinciden Patricio Redondo y Ramón Costa al afirmar que en febrero de 1950, antes de finalizar la estancia campesina de Zavala, éste propició por primera vez que sus alumnos publicaran con imprenta el cuaderno titulado Eréndida. (El año anterior hubo un primer número confeccionado con un aparato multicopista; antes, solamente, intercambio de cartas).

Por fin, Pepe develó el secreto, y es que los niños españoles se confundieron y escribieron en su cuaderno la letra “j” en lugar de “r”. Sí, el intercambio se realizaba con la escuela de Lomas de Charo, y no de Chajo. ¡Lo que hace una letra! Quién iba a imaginar que en el artículo “Nuestras esperanzas” –vaya coincidencia de encabezado con mi sentir de esperanza en aquel momento– hallé la respuesta, quedando identificada la escuela mexicana y de paso su maestro, incluso fotografiado. Inmediatamente tuve este pensamiento: parecería que el maestro Pepe Tapia, sabedor de que yo algún día necesitaría precisamente aquel dato, utilizó su pluma para dejarlo asentado. Los dos quedamos unidos una vez más.

Para finalizar, en otro artículo también de 1951, el propio Enrique Zavala Ortega señala que su conocimiento de Redondo fue posterior a 1932 y en México. Dice: “En abril de 1948 tuve la feliz oportunidad de entrar en contacto con un gran maestro y con una maravillosa escuela. El maestro, Patricio Redondo Moreno; la escuela, ese excepcional plantel educativo que, en San Andrés Tuxtla, Veracruz, abre horizontes luminosos en la niñez estudiosa de aquella población. Esta escuela lleva meritoriamente el apellido de Celestino Freinet, creador del procedimiento pedagógico más humano y el que más se adapta a las inquietudes de la escuela activa”. Lo cierto es que en México los maestros Zavala y Redondo honraron esas palabras que me gustan tanto al historiar el freinetismo: “peces que nadan en las mismas aguas tarde o temprano se encuentran”. Sin duda, también charlaron de los años españoles.

Coletilla: conforme se avance en el estudio del freinetismo mexicano, tendrá que consignarse detalladamente información sobre la vida, el pensamiento y la obra de Enrique Zavala Ortega. El nombre del maestro Enrique también deberá incluirse en la bibliografía sobre la educación Freinet española, cuando se hable del intercambio internacional con México sostenido por los escolares atendidos por los maestros Simeón Omella, José Vargas y otros que vayan apareciendo vinculados por intercambiar con México.

¡Elevemos la mirada de la educación!

* Profesor en la UNAM