a primera Reunión Nacional del Transporte y la Construcción que encabecé como presidente de la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), celebrada el pasado 21 de enero en las instalaciones de la confederación en la Ciudad de México, me confirmó una conclusión inequívoca: estos sectores, que son estratégicos para el país, deben conducirse con una visión moderna, justa y responsable, respaldada por sindicatos democráticos y limpios que representen con dignidad a las y los trabajadores. Sin sindicatos legítimos, el desarrollo carece de justicia, y sin justicia laboral, el crecimiento es frágil.
Prueba de ello, fue que en días recientes visité mi tierra natal, Nuevo León. Durante mi visita pude constatar el profundo contraste entre un desarrollo económico acelerado y la falta de condiciones suficientes para garantizar la seguridad laboral, la planeación urbana y el bienestar cotidiano de las personas. Estos retos muestran que es indispensable la acción sindical organizada, con solidez técnica y visión de largo plazo. Desafortunadamente, durante mi estancia observé a trabajadoras y trabajadores de la construcción laborando a la intemperie en condiciones climáticas extremadamente frías, sin resguardo suficiente y con riesgos innecesarios. No es casual que este escenario se acentúe justo cuando se anuncian grandes obras en la entidad, vinculadas a eventos internacionales como el Mundial de futbol, que exigen estándares mucho más altos de seguridad laboral y de planeación, tanto urbana como de la obra misma, que no se cumplen actualmente. No es razonable pensar en proyectos de esa escala si la base laboral no tiene garantías mínimas para proteger su integridad.
De igual manera, resulta evidente que el ritmo vertiginoso de crecimiento en la construcción y el transporte en la zona metropolitana de Monterrey se acompaña de diversos problemas de movilidad, vialidad, servicios urbanos y acceso a vivienda digna. Así, vemos la repetición de errores del pasado: obras que inician tarde, con planeación fragmentada, intereses particulares y sin suficiente visión ciudadana. Si continuamos por ese camino, los errores podrían replicarse en otras regiones del país con consecuencias duraderas. Por ello, es urgente incorporar criterios modernos de urbanismo, transparencia y eficiencia en la ejecución de proyectos, porque no se trata únicamente de levantar infraestructura, sino de pensar el territorio, la vida diaria y el futuro de la ciudadanía.
Este diagnóstico, sin embargo, no es nuevo. El sector ha sufrido distorsiones durante décadas: precarización, subcontratación, informalidad, abusos, rotación constante y prácticas ajenas al sindicalismo auténtico; aunado a lamentables cobros indebidos y extorsiones que desprestigian a todo el movimiento sindical. Cuando un trabajador escucha la palabra “sindicato” y siente miedo, algo está roto, y cuando una empresa o un gobierno ve a una organización sindical como un problema y no como un interlocutor válido, algo está torcido. Por ello sostengo que el sindicalismo tiene la responsabilidad histórica de demostrar que existe un camino distinto, limpio y democrático.
En esa dirección, la CIT ha demostrado que sí es posible un sindicalismo basado en la transparencia, democracia interna, formación, legalidad y orientado a los resultados. No queremos reproducir moldes corporativos del pasado: lo que estamos construyendo es una organización con autoridad moral y que avance con dignidad. Hoy contamos con liderazgos reales en cada uno de los estados del país, con bases sólidas, legitimidad y experiencia, con el objetivo claro y firme de articularlos bajo una visión nacional que multiplique su fuerza colectiva. La unidad no implica uniformidad, sino rumbo común, respeto y coordinación. Cuando estos elementos están presentes, la organización crece sin fracturarse.
En nuestro contexto globalizado, sabemos que la fortaleza del movimiento obrero también se encuentra en la solidaridad internacional. De tal suerte que se deben fortalecer los lazos hacia dentro de los sindicatos, entre ellos a nivel nacional y también a nivel internacional. En esa dirección, nuestra afiliación a la Internacional de la Construcción y la Madera (ICM), de la cual también soy miembro honrosamente del Comité Ejecutivo Internacional, ha permitido reforzar vínculos con otros países y avanzar en la conquista de derechos. Este paso ha sido fundamental porque en un sector donde las cadenas productivas se mueven más rápido que las regulaciones, la cooperación internacional es esencial para elevar estándares laborales, combatir abusos transfronterizos y dignificar la profesión. Para mí, ha sido un honor impulsar estos puentes desde México y demostrar que el sindicalismo moderno no puede vivir aislado.
Así, con la Primera Reunión Nacional del Transporte y la Construcción dimos un paso más para consolidar una plataforma sindical seria, democrática y digna en un sector que sostiene al país todos los días: el transporte conecta la economía; la construcción edifica el futuro. Nada de esto sería posible sin el trabajo de miles de personas cuyo esfuerzo merece seguridad, estabilidad y reconocimiento: ninguna gran obra se hace sin las y los trabajadores. La CIT sigue creciendo y se mantiene firme en su objetivo de garantizar que el desarrollo de estos sectores estratégicos se sostenga en los derechos laborales, la justicia social y la visión a largo plazo.
Estamos a tiempo de corregir y evitar errores que ya conocemos: la falta de planeación urbana, la ausencia de estándares laborales modernos y adecuados, la improvisación en obras estratégicas, la exclusión de la voz de quienes construyen físicamente el país y seudolíderes que sólo buscan corromper y aumentar su riqueza a costa del esfuerzo de las y los trabajadores. Sin duda, estas correcciones no se lograrán con discursos, sino con trabajo serio, formación, organización y autoridad moral. Y para eso es que estamos consolidando esta nueva vía de sindicalismo. El progreso que no respeta a la clase trabajadora no merece llamarse como tal. Nuestro compromiso es que México demuestre que hay un camino distinto: uno donde el desarrollo y la dignidad vayan juntos.












