Domingo 25 de enero de 2026, p. 8
La desinformación de género perpetúa y profundiza estereotipos discriminatorios, debilita la agenda de la igualdad y los derechos de las mujeres y desalienta la participación pública y política del sector, advierte la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM); también subraya que no se trata de un problema aislado que en los últimos años se ha intensificado.
En la guía práctica para abordar este tema, elaborada por la CIM –de la Organización de Estados Americanos–, se citan ejemplos de desinformación de género, como afirmar que “80 por ciento de las denuncias por violencia de género son falsas, cuando en realidad todas las estadísticas oficiales en América Latina demuestran que ésas son excepcionales, pues apenas rondan entre 0.1 y 7 por ciento” o difundir que “una nueva ley feminista permite encarcelar a cualquier hombre sólo con la palabra de una mujer, cuando lo cierto es que ningún país tiene una ley de este tipo”.
Falsedades como esas son difundidas en redes sociales, y mientras más se comparten se perciben como más reales, agrega.
La desinformación de género consiste en difundir intencionalmente información falsa sobre personas o grupos, según su sexo, identidad o expresión de género. El propósito es dañar, desacreditar o silenciar, precisa el análisis, y agrega que las noticias falsas (fake news) no son sinónimo de desinformación. “Aunque a veces se usan como tal, son sólo una forma de desinformación”, señala.
Asimismo, expone que hay un vínculo estrecho entre la desinformación y la violencia de género o los discursos de odio, y muchas veces las tres problemáticas ocurren en forma conjunta o se solapan.
Fenómenos concomitantes
“Mientras la desinformación difunde intencionalmente información falsa sobre personas o grupos en función de su identidad de género, la violencia en línea implica acciones o contenidos que buscan intimidar, acosar, avergonzar o dañar a una persona por su género, identidad u orientación sexual en entornos digitales.”
Muchas veces se manifiestan como “fenómenos concomitantes, es decir, las campañas desinformativas incluyen violencia y dentro de los ataques violentos se utilizan estrategias desinformantes”.
En tanto los discursos de odio son “expresiones que abogan por incitar al daño, sobre todo a la discriminación, la hostilidad o la violencia, a partir de la identificación del objetivo con un determinado grupo social o demográfico”.












