un año de la muerte del enigmático cineasta estadunidense David Lynch (1946-2025), su obra insólita y en suma original cobró nueva vida y un ejemplo de ello es el restreno en la Cineteca de Carretera perdida / Por el lado oscuro del camino ( Lost Highway, Francia-Estados Unidos, 1997). La América profunda que Lynch retrata se localiza en una nación imaginaria y sin fronteras como ese idílico suburbio de Lumberstone en Terciopelo azul, o en la boscosa región maderera de Picos gemelos, el paraje posindustrial de Cabeza de borrador, el pueblucho de Big Tuna en Salvaje de corazón. Y a su vez, en las colinas de Los Ángeles, muy cerca de aquel imponente letrero colocado hacia 1923 cuyas 13 letras decían: “Hollywoodland”; metáfora cruel y despiadada de una de las industrias más poderosas del mundo, en la que coinciden sueños, fantasías, crímenes y horrores inconfesables. Toda una abstracción del lado oscuro de Los Ángeles y del cine mismo como lo plasma Lynch en Mulholland Drive (2001) o en El imperio (2006).
Después del fracaso comercial que significó Twin Peaks / Fuego camina conmigo (1992), Lynch regresaría a sus furores primigenios con la delirante y bizarra Carretera perdida, para sumergirse en lo más profundo y siniestro de ese lado oscuro de un camino sin retorno donde tiene cabida la brutalidad, la pornografía, la fuga sicogénica; término para describir la personalidad múltiple, el horror, el crimen, la amoralidad, el deseo, la decadencia y todo tipo de secreciones.
Más que en otras ocasiones, el guion escrito por Lynch y Barry Gifford clama por un nuevo y perturbador lenguaje fílmico. Una narrativa dislocada que rompe de manera peligrosa con el tiempo y el espacio cinematográfico y que apuesta por una especie de proyección mental convertida en imágenes fílmicas: nada más cercano a un mal viaje o a una pesadilla. La pantalla se trastoca aquí en un lienzo extraño y fascinante para contar un relato de transferencia y cambio de roles a lo Hitchcock ( De entre los muertos), en una puesta al día de los más siniestros apuntes del cine negro (“Un terrorífico noir del siglo 21”, según Lynch).
Fred y Reneé Madison (Bill Pullman y Patricia Arquette) descubren a través de un video que su hogar y su intimidad han sido perturbadas por un misterioso voyeur. Más tarde, por medio de un nuevo video Fred, solitario saxofonista del antro Luna Lounge aparece como responsable del crimen de su sensual esposa de larga cabellera negra; es confinado a prisión y sentenciado a la silla eléctrica. Sin embargo, Fred desaparece en su celda y en su lugar queda Pete Dayton (Balthazar Getty), joven mecánico que se enfrenta a la ira de un magnate del porno cuando se relaciona sexualmente con la amante de éste, Alice Wakefield (Arquette de nuevo) versión rubia de la supuesta asesinada...
“Me gusta recordar las cosas a mi manera, no precisamente como sucedieron...”; las palabras de Fred Madison resultan la premisa misma de un filme inquietante que propone un estudio del deseo y del lado más oscuro del hombre; ese, alimentado por la adrenalina del crimen y el sexo. De algún modo, Lynch y Gifford trasladaron de forma brutal a aquellos años noventa, la sordidez subyacente de autores como James M. Cain, sin descontar las referencias a cintas como Peligros del destino / El desvío (Edgar G. Ulmer, 1945) y Traidora y mortal (Jacques Tourneur, 1947). La película plantea un enigma síquico y narrativo en el que se sugiere una personalidad fragmentada: Fred y Renée simulan ser una pareja distanciada y frígida, en cambio, Pete y la voluptuosa rubia Alice se sumergen en intrigantes escarceos sexuales.
Lost Highway es un anómalo recorrido por la ambigüedad más aterradora: ¿Todo es obra de una mente distorsionada que pudiera ser la del propio Lynch? ¿Se trata de un perverso asunto de doble personalidad? ¿ El hombre misterioso (Robert Blake) es una emanación del infierno que como vampiro tiene el don de ubicuidad y su videocámara es un objeto de posesión satánica; o tan sólo se trata de una nueva rencarnación del mal a lo Lynch? Carretera perdida no responde incógnitas, provoca sensaciones de malestar e incomodidad en el espectador y en ello radica su mayor mérito.
Carretera perdida se proyecta en la Cineteca México y Las Artes y Film Club Café. Disponible a su vez en Mubi.












