Los hoteles del amor en Japón
n Japón existe un tipo de alojamiento que podría compararse con los moteles en México, pero los llamados love hotels u hoteles del amor no constituyen ningún tabú sino una solución práctica en el contexto urbano. Culturalmente, el motel en México ha cargado un estigma asociado a lo prohibido reflejando una ambivalente moral pública, mucho más conservadora en el discurso en contraste con la práctica; son espacios ampliamente utilizados, pero raramente reivindicados. El motel mexicano existe en una zona moral ambigua: todos saben que está ahí, pero pocos lo nombran con naturalidad, la sexualidad al tolerarse más de lo que se acepta, motel se convierte en un espacio de transgresión silenciosa; el acceso directo desde el automóvil, símbolo de movilidad y libertad es una especie de cómplice del deseo; los altos muros y las cortinas contribuye a una especie de blindaje ante el qué dirán.
En Japón los love hotels no sólo son aceptados socialmente, incluso aparecen en guías turísticas. El origen se remonta al periodo de posguerra, cuando muchas viviendas en las grandes ciudades eran pequeñas, además de ser compartidas por varias generaciones. En Japón es usual que los padres compartan espacios como un aspecto que refleja la cohesión familiar. Los abuelos son un importante elemento del funcionamiento social y económico del país adoptando la tarea de atender a los nietos cuando los padres laboran de tiempo completo. Viviendo abuelos, padres e hijos o familiar en emergencia económica bajo un mismo techo, encontrar un espacio íntimo resulta complicado. Los hoteles del amor ofrecieron una solución discreta y accesible a parejas que buscaban privacidad, sin necesidad de reservar una noche completa en un hotel tradicional. Hoy existen miles en todo el país, especialmente en zonas urbanas, como Tokio, Osaka o Kioto. Lejos de ser lugares marginales, forman parte de la vida cotidiana y son utilizados tanto por parejas jóvenes como por matrimonios e incluso viajeros que buscan alojamiento temporal e incluso personas que necesitan un espacio tranquilo para trabajar o relajarse.
Son una solución práctica, creativa y funcional tomando en cuenta el ritmo acelerado y la densidad de las grandes ciudades Estos establecimientos, forman parte del paisaje urbano japonés desde hace décadas y cumplen una función práctica en una sociedad donde la privacidad no siempre está garantizada. La discreción es clave: en muchos de ellos, el registro se hace de forma automática, sin contacto directo con el personal, lo que reduce la incomodidad. No hay recepcionistas que pregunten, ni miradas inquisidoras: la tecnología sustituye al contacto humano y garantiza el anonimato ofreciendo un refugio sin preguntas ni juicios. Los precios van desde 225 pesos por hora, dos horas con descuento por 350; 650 pesos por toda la noche entrando a las 10 y saliendo a las 11 de la mañana. Si de madrugada el deseo apura hay descuento a partir de las 3 de la mañana.
Japón se caracteriza por ser una cultura profundamente disciplinada; es un país en donde la vida pública se rige por normas estrictas de comportamiento y aunque el pudor social sigue siendo un factor de peso, los love hotels son un reflejo de que incluso el placer y el descanso se administra con eficiencia. El componente creativo está ligado al diseño llamativo con fachadas de colores, luces de neón y la tabla de precios para que el ocupante decida cuánto tiempo dedicará al placer de cualquier tipo y cuanto le permite su monedero. El interior y las temáticas en las habitaciones pueden variar; si se trata de exaltar lo romántico, se ofrecen incluso decoraciones de castillos medievales y se equipan con una carga considerable de destellos que inviten al usuario, metafóricamente hablando, a acariciar el cielo.












