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Tendencias energéticas: la tercera
¿Q

ué podemos esperar de tres relaciones que sólo a largo plazo, en la larga duración, pueden modificase sustantivamente? ¡Virtuosamente! Energía primaria requerida por la producción –anual, digamos– de bienes y servicios, lo que por cierto incluye energía para el trabajo productivo y para el trabajo improductivo. Y, evidentemente, para la reproducción social global. A todos los niveles, mundial y nacional.

¿Con qué unidades nos aproximamos a esa relación? En un caso –por ejemplo– con exajulios o con millones de barriles equivalentes de petróleo, siempre con el ánimo de comparaciones adecuadas, analizables, proyectables y, sin duda, mejorables. Éstas nos permiten –con todas las imprecisiones implicadas– trascender las diferencias físicas de combustibles y energéticos. Asimismo, la heterogeneidad de bienes y servicios producidos, y de precios, año tras año.

De esta primera relación ya hemos compartido comentarios en anteriores notas y hemos asegurado que la única posibilidad virtuosa de esta relación es su descenso. Esto, en buen romance –gustaba decir mi hermano Carlos Morera– significa menor energía por unidad de producto. Elasticidad descendente, dice una brillante estudiante de mi Facultad de Economía en la UNAM; con tendencia a ser inferior a la unidad, agrega otro, pero alentando la composición que permita abatir emisiones de gases de efecto invernadero y expulsión de azufre a la atmósfera, en voz alta añade otra brillante estudiante.

Y a mitad de pleno curso de Economía política de los energéticos y desastre climático, me atrevo a preguntar: ¿Hacia qué elasticidad aparente podemos y debemos transitar? ¿Con qué composición de combustibles y energéticos? ¿Primarios o secundarios? Y para atender qué volumen y qué tipos de energía final, en orden de satisfacer los usos finales de los diversos sectores de la sociedad. En un marco envolvente e irreversible de justicia energética, dice otro buen estudiante. ¡No puede ser de otra manera!, acoto con vehemencia.

Eso nos obliga –agrego– a profundizar no sólo la concepción rica e integral de la economía política de los energéticos, sino sus métodos y técnicas de análisis para cumplir –al menos, digo sonriente– los cuatro principios de Descartes: 1) no aceptar nunca como verdadero nada que evidentemente no se sabe que lo es (Evidencia); 2) dividir cada una de las dificultades que se examina en tantas partes como fuera posible y necesario para resolverlas mejor (Análisis); 3) conducir nuestros pensamientos en orden, desde los más simples y los más fáciles de conocer, para ir subiendo poco a poco –como por grados– hasta los más complejos, incluso suponiendo orden entre aquellos que no se preceden naturalmente entre sí (Síntesis); 4) hacer por todas partes enumeraciones tan completas y resúmenes tan generales, que estemos seguros de no omitir nada (Comprobación).

De aquí –como lo iré señalando en siguientes notas–, nuestra visión integral del balance de energía en sus cuatro dimensiones esenciales: 1) de reservas potenciales de energía hacia usos finales y viceversa; 2) de recursos fósiles y sucios hacia limpios y renovables y viceversa; 3) de unidades físicas y caloríficas de energía hacia las múltiples y diversas dimensiones, incluidas las tecnológicas, las laborales y las socio y geopolíticas, incluso las militares. Y ahí la “cuarta dimensión”: sus transformaciones en la larga duración. Esa es nuestra “baraja” esencial. Lo veremos.

De veras.

NB: Una consulta a fuentes reconocidas de nuestros vecinos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su siglas en inglés), el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) y el Centro Nacional de Información Ambiental (NCEI), indican que los fríos actuales o recientes pueden tener mecanismos similares –vórtice polar debilitado o desplazado– que los de febrero de 2021, pero no son necesariamente igual de profundos o prolongados que el suceso histórico de 2021, que fue excepcional en duración y magnitud. En cualquier caso, hay que estar atentos y precavidos. En febrero de 2021 se suspendió la importación de gas natural, para electricidad e industria. Se importaban cerca de 6 mil 500 millones de pies cúbicos al día. Hoy se importan hasta 7 mil 500.