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Canadá: ¿rebelión en la granja? // ¿Cortará su cordón umbilical? // T-MEC: ¿muerte anunciada?

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▲ El primer ministro de Canadá, Mark Carney, durante su discurso en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.Foto Ap
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ómo estará el ambiente, que hasta los perritos falderos ya le ladran al dueño: en una suerte de rebelión en la granja, los “aliados históricos” de Estados Unidos dan muestras de estar al límite ante el esquizofrénico comportamiento imperial de ( fuck) Trump, quien de plano arrasa con todo lo que tiene a su alrededor –incluidos los ciudadanos de su propio país– con tal de que el mundo entero lo reconozca como amo y señor del universo.

Los tradicionalmente serviles gobiernos de la “comunidad atlántica” dan muestras de hartazgo y comienzan a rebelarse, así sea de forma retórica, ante la vileza del magnate naranja. Tal vez la muestra más inmediata, hasta ahora, es la del primer ministro canadiense, Mark Carney (cabeza visible de la clase política de aquella nación, siempre agachada ante los intereses de la Casa Blanca), quien en el Foro Económico Mundial de Davos, y con los atentos saludos a ( fuck) Trump, se animó a denunciar “la ruptura en el orden mundial, del fin de una ficción cómoda y del inicio de una realidad dura, en la que la geopolítica –de las grandes potencias– parece no estar sometida a límites ni restricciones; parece que todos los días se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias, que el orden internacional basado en reglas se desvanece, que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”.

Algo más: “sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica y que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil…(pero) participamos en los rituales y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad”. Entonces, dijo, “este pacto ya no funciona; estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.

Para un primer ministro canadiense (recuérdese al rastrero Justin Trudeau), el tono del discurso resulta incendiario, aunque sin duda es realista, especialmente cuando por primera vez en al menos ocho décadas Canadá, como la Europa atlántica, se siente no sólo insultado, sino a punto de ser agredido militarmente (ya ha padecido la acometida política), todo en un ambiente guerrerista alimentado por el esquizofrénico de la Casa Blanca.

Y Carney fue más allá: “más recientemente, las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción, las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que las potencias intermedias han confiado la arquitectura misma de la solución colectiva de problemas, están bajo amenaza. Como resultado, muchos países están llegando a la misma conclusión: deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo”.

Y de pilón, un mensaje nítido: “las potencias intermedias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú. El viejo orden no volverá; la nostalgia no es una estrategia; a partir de la fractura, podemos construir algo más grande, mejor, más fuerte y justo. Tenemos la capacidad de dejar de fingir”.

Y México debe hacer lo propio, por la vía de los hechos, toda vez que “Estados Unidos está en un viraje estratégico mayor, en el que se reorganiza a partir de un nacionalismo económico conservador” (Marcelo Ebrard dixit), lo que bien puede leerse como el final del T-MEC. Ante tal situación, la presidenta Sheinbaum anuncia la ampliación de mecanismos comerciales con Europa, América Latina y Asia, aunque “creemos que el tratado se va a conservar; a lo mejor hay algunos cambios, pero finalmente se va a conservar, porque es de beneficio mutuo. Evidentemente, tenemos y buscamos relación con otras regiones del mundo”. Bien, pero en la agenda no debe estar ausente el tema BRICS.

Las rebanadas del pastel

Es repugnante, pero algo hay que agradecer a( fuck) Trump: el mundo entero lo aborrece y ello puede derivar en un profundo cambio de las relaciones internacionales, mientras los gringos deciden internarlo en un hospital siquiátrico o en la cárcel.

X: @cafevega