os medios dominantes en Occidente se dedican a retratar las protestas en Irán como si fueran un asunto estrictamente interno. El pueblo de Irán, según sus argumentos, se levantó de manera espontánea contra su gobierno porque está en situación desesperada debido a la corrupción de sus líderes y a su manejo ineficiente de la economía, así como a sus políticas opresoras. Según este relato, virtualmente todos los que protestan son pacíficos, pero sus protestas se enfrentaron con la violencia del gobierno. Las fuerzas externas tienen poco que ver con las causas de las protestas.
Esta interpretación de lo que ocurre en Irán es errónea y existe abundante evidencia en contrario. Nada de esto tiene el objetivo de negar que hubo muchos manifestantes pacíficos que tuvieron legítimos agravios contra el gobierno, pero eso es sólo parte de la historia.
De hecho, lo ocurrido en Irán es un intento del relevo israelí-estadunidense por derrocar al gobierno en Teherán y desgarrar a Irán, de manera muy similar a la fractura de Siria llevada a cabo por Estados Unidos, Turquía e Israel. El libro de jugadas en Irán es uno que ya vimos antes; consta de cuatro elementos.
En primer lugar, Estados Unidos se ha dedicado a devastar la economía iraní con sanciones. De hecho, el presidente Trump redobló esos esfuerzos después de mudarse a la Casa Blanca en enero de 2025. Su meta era ejercer “máxima presión” sobre la economía iraní y justamente eso hizo. No hay duda de que los líderes iraníes hicieron un manejo deficiente de la economía en ciertos aspectos, pero las sanciones occidentales causaron mucho más daño que la ineptitud gubernamental. El objetivo final de las sanciones, desde luego, es infligir tanto dolor y castigo al pueblo iraní, que lo impulse a levantarse para derrocar al gobierno.
En segundo lugar, el relevo se puso a trabajar en diciembre de 2025 para fomentar y apoyar violentas protestas que precipitaran una respuesta equivalente del gobierno, lo cual esperaban que desatara una espiral de violencia que el gobierno fuese incapaz de controlar. Para ser más específicos, existe clara evidencia de que agentes del Mossad estaban en el terreno en Irán y sin duda había operarios de la CIA trabajando en paralelo con ellos.
Además, el relevo EU-Israel envió muchos miles de terminales de Starlink a Irán antes de que empezaran las protestas. Si el gobierno cerraba los sistemas de Internet y teléfono, como se esperaba, las terminales Starlink permitirían a los manifestantes comunicarse entre sí y con las fuerzas exteriores que los apoyan.
No fue sorpresa que Trump aplaudiera a los manifestantes. El 13 de enero de 2026 dijo: “Patriotas iraníes, sigan protestando… ¡¡¡Ocupen sus instituciones!!!... La ayuda va en camino”.
Y, en el preciso momento en que empezaban las protestas, a finales de diciembre de 2025, el Mossad envió un mensaje en farsi a los iraníes: “Salgan juntos a las calles. La hora ha llegado. Estamos con ustedes. No sólo a la distancia y de palabra. Estamos con ustedes en el terreno”.
En tercer lugar, los medios occidentales jugaron del lado del relevo EU-Israel y aportaron la historia de que las protestas eran sobre todo en respuesta a las políticas de un gobierno maligno en Teherán, no por causas de interferencia exterior. Naturalmente, Israel y Estados Unidos fueron presentados como los muchachos buenos.
En cuarto lugar, el ejército estadunidense (y tal vez el de Israel) se preparó para atacar a Irán una vez que las protestas alcanzaran un punto crítico, para acabar con el régimen y crear un caos que, se esperaba, terminara por desgarrar al país.
Pero la estrategia falló, sobre todo porque el gobierno iraní logró detener las protestas de manera rápida y decisiva. Un elemento clave del éxito gubernamental fue cerrar Starlink, lo que volvió en extremo difícil la comunicación de los manifestantes entre sí y con el mundo exterior. Una vez que eso ocurrió, las protestas estaban condenadas y el primer ministro Netanyahu y Trump entendieron que el relevo no podía utilizar la fuerza militar para asestar el golpe de gracia. El régimen iraní había sobrevivido.
En suma, la campaña del relevo para el cambio de régimen falló. Israel y Estados Unidos perdieron esta ronda contra Irán. Por supuesto, no es probable que los resultados se presenten de ese modo en los medios israelíes u occidentales.
Estos sucesos recientes tienen relevancia con respecto a la guerra de 12 días entre Irán y el relevo EU-Israel que tuvo lugar del 13 al 24 de junio de 2025. Por lo general, aquel conflicto se pinta en Occidente como una gran victoria para Israel y Estados Unidos. Sin embargo, esa descripción no se apega al resultado de aquel conflicto anterior. Fue Israel, más que Irán, el que deseaba poner fin a la guerra de 12 días, porque estaba quemando su inventario de misiles de defensa, mientras Irán se inclinaba cada vez más por utilizar su gran inventario de misiles balísticos y de crucero para atacar a Israel. De hecho, algunos argumentaron en aquel momento que Irán no debía haber accedido a un cese el fuego, porque estaba ganando ventaja sobre Israel. Para mí, ese resultado no se ve como una victoria israelí.
El resultado final tiene dos elementos: 1) el relevo EU-Israel fracasó en derrocar al régimen de Irán, aunque sin duda no ha renunciado a ese objetivo, y 2) hay buena razón para pensar que Israel y Estados Unidos no ganaron la guerra de 12 días.
Ver la versión completa del artículo en línea de La Jornada: https://bit.ly/4r59qtW
Publicado originalmente en John’s Substack: https://mearsheimer.substack.com/p/the-tag-team-fails-in-iran?r=2cq9x&utm_campaign=post&utm_medium=web&triedRedirect=true
Traducción: Jorge Anaya
* Profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago. Es autor de The Tragedy of Great Power Politics y coautor de The Israel Lobby and US Foreign Policy












