ariano Escobedo Peña, uno de los más importantes militares liberales de la época de la Reforma, nació el 16 de enero de 1826 en San Pablo de los Labradores, hoy Galeana, Nuevo León. Desde joven mostró su vocación patriótica. Cuando tenía 20 años llegaron a su estado las tropas del ejército estadunidense, cuyo gobierno había declarado una guerra de conquista contra México. El joven Escobedo se sumó al ejército nacional y colaboró en la defensa de Monterrey en septiembre de 1846. La superioridad del ejército invasor le permitió tomar la ciudad, pero Mariano dio muestras del valor y el genio militar que lo llevarían a destacar en una generación de ilustres patriotas.
Cuando estalló la revolución de Ayutla para terminar con la dictadura de Santa Anna, Escobedo se sumó a ella bajo las órdenes del general Santiago Vidaurri, combatiendo contra el ejército santanista al lado del joven Ignacio Zaragoza.
La Constitución de 1857 fue desconocida por los conservadores, lo que dio origen a la Guerra de Reforma. Escobedo se sumó al bando liberal y detuvo el avance de las tropas conservadoras en San Luis Potosí en febrero de 1857. Su jefe, el general Santiago Vidaurri, lo felicitó. Escobedo le contestó con modestia: “La patria me tendrá siempre como el último de sus hijos, de centinela avanzado en el camino del peligro”.
En junio de 1857, con sus tropas ocupó la ciudad de Guadalajara. En los meses siguientes participó en múltiples combates contra los conservadores. En San Luis Potosí fue herido y capturado, pero logró escapar y reorganizar a su ejército.
Después de tres años de guerra, el gobierno de Benito Juárez y el ejército de patriotas que lo acompañaba derrotaron a los conservadores en la Guerra de Reforma. No obstante, éstos pidieron ayuda al emperador francés Napoleón III para que éste impusiera una monarquía en México encabezada por Maximiliano de Habsburgo.
En esa gesta heroica, en la que México logró mantener su independencia y soberanía luchando contra el ejército francés, el más poderoso de esa época, y sus aliados conservadores mexicanos, Mariano Escobedo fue uno de sus principales protagonistas.
Como parte del Ejército de Oriente, al mando del general Zaragoza, tuvo una destacada participación en la batalla del 5 de mayo de 1862, que cubrió de gloria al Ejército Mexicano. Fue también uno de los defensores en el sitio de Puebla un año después. La superioridad militar francesa y la falta de víveres obligaron al Ejército Mexicano a rendirse. Los jefes fueron apresados, pero se negaron a firmar una carta en la que se comprometían a no combatir a los franceses. Escobedo fue uno de ellos. Pudo escapar de la prisión en Orizaba; regresó a la Ciudad de México, donde el gobierno de Juárez lo comisionó a Oaxaca para colaborar con Porfirio Díaz en la reorganización del Ejército de Oriente.
Mientras tanto, el gobierno de Juárez se había instalado en el norte de la República. Para reunirse con el Presidente, Escobedo dio un largo rodeo de Veracruz a Nueva York y de ahí regresó a México. Cruzó la frontera en marzo de 1865. Con unos cuantos hombres, comenzó una de las más brillantes campañas militares que contribuyó a la derrota de Maximiliano. Juárez lo nombró jefe de las fuerzas armadas de Coahuila y Nuevo León. Ocupó Monterrey y Matamoros. Juárez lo felicitó. Escobedo arengó a sus compañeros de armas así:
Las circunstancias exigen desprendimiento, sacrificios, abnegación… Miserable el que se resigne a vivir degradado, porque no conseguirá ni la paz humillante del esclavo… Habéis aprendido a ser libres y ningún descendiente de reyes tiene derecho para inscribirnos en el registro de sus esclavos… ¡A las armas, mis amigos!
Uno de los rasgos que definían al general Escobedo, además de su patriotismo y lealtad, era la modestia. Era un soldado de la República. No le interesaban el poder ni la riqueza. En una carta que dirigió a Juárez, en marzo de 1866, le expresó que tal vez él no era el más indicado para las responsabilidades que se le encomendaban:
No es modestia, pero con toda franqueza digo a usted que estoy abrumado por los deberes que cargan sobre mí y tengo la conciencia de no ser apto para sacar todo el partido que es de esperarse en las actuales circunstancias. Creo que un militar inteligente y previsor auxiliado por mí pudiera mejorar las operaciones militares que aquí tienen que practicarse. Muy seguro puede estar usted de que no sólo no me resentiré por esto, sino daré las gracias al gobierno y continuaré sirviendo a las órdenes del que nombrase.
Juárez le pidió continuar al frente del Ejército del Norte, con el que recuperó Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. En enero de 1867 ocupó San Luis Potosí. El gobierno de Maximiliano, derrotado en todos los frentes, se atrincheró en Querétaro. Los ejércitos patriotas del Norte, Centro y Oriente, con Mariano Escobedo como jefe, derrotaron el último bastión del imperio el 15 de mayo de 1867, consumando el triunfo de la República Mexicana, que logró así su segunda independencia. Maximiliano se rindió ante el general neoleonés.
Por sus servicios a la patria, Mariano Escobedo recibió múltiples reconocimientos. Uno de ellos fue cuando su estado natal decidió la erección de un nuevo municipio que llevara su nombre en 1868. En los años siguientes contribuyó a la consolidación de la República. Fue gobernador de San Luis Potosí y Nuevo León, senador, ministro de Guerra, combatió la rebelión tuxtepecana de Porfirio Díaz. Falleció en la Ciudad de México el 22 de mayo de 1902.
* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.












