De letra y música
emos oído infinidad de veces Alfonsina y el mar; acaso no todos conozcamos este soneto (en verso blanco) de la Storni: Voy a dormir: “Dientes de flores, cofia de rocío, / manos de hierbas, tú, nodriza fina, / tenme prestas las sábanas terrosas / y el edredón de musgos escardados. // Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. / Ponme una lámpara a la cabecera; / una constelación; la que te guste; / todas son buenas; bájala un poquito. // Déjame sola: oyes romper los brotes... / te acuna un pie celeste desde arriba / y un pájaro te traza unos compases // para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: / si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido...”. Escribí “acaso” aun cuando no es difícil imaginar que en los hechos la zamba de Ariel Ramírez y Félix Luna (música, letra) no indispensablemente (por lo demás, bien que deseable, no es necesario) remitirá al escucha (tal vez ni siquiera a la mayoría de sus muchos intérpretes) a las originales líneas en ella glosadas.
Destaco lo del verso blanco en parte porque de la tradicional forma soneto esperamos la rima, en parte porque la canción sin rima, perdonarán lo coloquial de la frase, “como que no”.
En lo que a la parte musical hace, y no nos referimos sólo a la melodía, es de una solvencia patente, lo que no obstante ciertos innegables logros la letra, lo diremos así, no alcanza a alcanzar. Pero señalemos algo curioso: entre esos logros está la voluntad del letrista de no siempre rimar, de optar, en pro de la nitidez de las imágenes, por una resolución “híbrida”.
El impulso poético, más o menos sostenido, de la canción, pierde sin embargo nivel cuando cediendo a la fantasía, un tanto de dibujos animados, pre-ve: “Cinco sirenitas te llevarán”, etcétera. Ahora, según lo que hemos venido observando en las últimas entregas, no estamos sino tratando de corroborar cómo en no pocas canciones la melodía “le gana” a la letra, se va uno con aquélla y deja de exigirle a ésta. Mas ya sabemos: el poema, en tanto conformación de palabras y dado que carece del apoyo del arte musical, es y debe ser más riguroso que las llamadas “letras”. La canción propicia la poesía, la espera, pero muy bien puede quedarse en “lo poético” sin llegar al poema.
¿Y cuando llega? A más de los autores que en español cada quien pueda proponer invoco algunos apellidos: Prévert, Brassens, Cohen, ¡Dylan!, y para qué seguirle.












