o voy a referirme al dirigente de la revolución bolchevique, Vladimir Ilich Uliánov, más conocido por el seudónimo de Lenin, sino a Lenin Martell Gámez. Él es defensor de las audiencias ante la “programación ofrecida a través de los medios de comunicación administrados y operados por el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR); Canal Catorce y las emisoras Altavoz” (https://www.spr.gob.mx /defensoria/secciones/defensoria/que_ es_defensoria.html).
Martell Gámez expuso consideraciones de por qué recomendó que una emisión del programa Largo aliento, conducido por Sabina Berman, no saliera al aire. Se trató de la entrevista al integrista católico Eduardo Verástegui, simpatizante de Donald Trump y las políticas que impulsa. En los canales Once y 14 fueron difundidos promocionales de la conversación entre la escritora y el ex actor, bien conocido por sus posiciones derechistas. El programa no fue transmitido y tampoco, en el horario que saldría al aire, los medios explicaron por qué tomaron la decisión de cancelarlo.
Paulatinamente fueron conociéndose las razones de haber enlatado la entrevista de Sabina Berman con el añorante del México monolítico en asuntos religiosos y éticos. Me parece que la cuestión habría quedado clara si las directoras del Canal 14, Sandra Ortega Tamés, y del Canal Once, Renata Turrent Hegewisch, hubiesen comunicado oportunamente que la charla Berman-Verástegui no tuvo cabida en su respectiva programación porque infringía principios rectores de los medios encabezados por ellas al promover, el entrevistado, ideas contrarias a derechos garantizados a la ciudadanía por las leyes del país.
Tuvieron tiempo para transmitir la decisión y respaldarla con argumentos que, pueden compartirse o no, pero al externarlos marcaban con nitidez las fronteras a no ser transgredidas por los medios públicos.
Ante la falta de clarificaciones sobre la censura del programa (censurar es “formar juicio de una obra u otra cosa [y] corregir o reprobar algo o a alguien”, según el Diccionario de la lengua española), distintos medios ahondaron en el tema e indagaron sobre los entretelones en los cuales se gestó la decisión prohibitiva que, sin proponérselo, ha servido para que Eduardo Verástegui sea promovido, por él mismo y sus simpatizantes, como baluarte de la libertad de expresión.
Julio Hernández López ( Astillero) entrevistó al defensor de las audiencias, Lenin Martell Gámez, para saber las razones por las cuales la entrevista de Sabina a Verástegui fue vetada. Aquí vale mencionar que la hoy censurada Sabina Berman antes hizo lo mismo con Silvana Rabinovich, filósofa y experta en la Biblia hebrea, con quien grabó una entrevista y nunca la transmitió en Largo aliento (https://lajornadasanluis.com.mx/ego- la-posible-razon-por-la-que-sabina-no- publico-mi-entrevista-silvana-rabino vich/).
El diálogo entre Julio y Lenin es muy revelador sobre los alcances de la libertad de expresión y sus posibles limitaciones en medios del Estado (https://www.youtube.com/watch?v= qQTcdSi-e04). A la pregunta de Julio sobre quién solicitó al defensor su opinión acerca de transmitir o no el programa, Lenin arguyó los derechos de las audiencias, pero no clarificó quién o quiénes específicamente pidieron su intervención.
Al insistir Astillero en el tópico Martell Gámez no tuvo de otra y debió aceptar que la solicitud sobre cómo proceder con el capítulo de Largo aliento provino de la directora de Canal 14. O sea, en el trámite no hubo petición de alguna audiencia, sino que la tarea de aquilatar los pros y contras acerca de la papa caliente que ya representaba el programa se la delegó Sandra Ortega Tamés a Lenin. El puntilloso Julio Hernández logró que Lenin ventaneara a la directora del Canal Once.
El otro momento que deseo resaltar de lo extraído por Astillero a Lenin es cuando el defensor dice que, si bien las audiencias cada vez son más inteligentes y con criterios propios, todavía necesitan “acompañamiento” con el fin de dilucidar “muchísimos conceptos que son muy importantes para aprender, por ejemplo, qué es una idea racista, cómo se van conformando los estereotipos, cómo se van conformando estas ideas de odio, el menosprecio”.
Julio Hernández cuestionó a Lenin su idea de “acompañamiento” a las audiencias y afirmó que más bien era tutelaje (acción de tutelar, que implica custodiar, dirigir, proteger, defender, amparar).
El “acompañamiento” mencionado por Lenin, dice él que no es tutelaje ni paternalismo, me recuerda la doctrina de la incapacidad mental de las personas, la cual sostiene se hace necesaria la orientación de alguien con poder para proteger a los incapaces de tener elementos para darse cuenta de que los están embaucando.
La conversación pública tiene ante sí el reto constante de inquirir sobre el significado de las palabras, entre ellas el de derechos de las audiencias. Sobre el tema de la interpretación de los vocablos cito un fragmento del diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty. El segundo afirma: “Cuando yo uso una palabra significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos”, a lo que Alicia responde: “El problema es si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas”. Sentencia final del diálogo: “El problema es –dijo Humpty Dumpty– saber quién es el que tiene el poder. Eso es todo”.












