no. Año tras año, a las 10 am del 27 de enero, las sirenas de la entidad ilegal llamada Israel suenan dos minutos, los establecimientos comerciales cierran, el transporte público apaga sus motores y los ciudadanos guardan silencio para rendir homenaje a millones de judíos y otras víctimas de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Dos. Fecha que, asimismo, conmemora (aunque bajito) el día en que el ejército soviético liberó los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau (Polonia, 1940-45), donde empresas químicas alemanas como Basf, Bayer, Hoeschst (y otras que hoy gozan de excelente salud financiera) producían el tenebroso gas Zyklon B para acelerar la matanza con científica precisión germana.
Tres. Establecido en 2005 por la Asamblea General de la ONU, el propósito del “Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto”, consiste en “…recordar el genocidio y luchar contra el antisemitismo, el racismo y la intolerancia” (sic).
Cuatro. La palabra holocausto (en hebreo, shoá), proviene del Antiguo Testamento y hace referencia a un sacrificio consumido por el fuego. Entre los siglos XVI y XVII, el término aludía a la muerte violenta de gran número de personas, y, en 1923, Winston Churchill lo usó en uno de sus libros para referirse al genocidio armenio ejecutado por el imperio otomano (1915-23).
Sin embargo, a mediados del siglo pasado, los historiadores judeosionistas se apropiaron del término, usándolo con mayúscula.
Cinco. En 1953, mientras las milicias sionistas ejecutaban el genocidio sobre los palestinos (o Nabka, que en árabe quiere decir destrucción), el régimen de la entidad ilegal creó el Yad Vashem, primer museo del holocausto (inaugurado en 1957), que a la fecha integra una densa y coordinada red mundial de 168 edificios con distintos estilos arquitectónicos y recursos tecnológicos,
Seis. En Estados Unidos, el imponente museo del holocausto fue creado por el Congreso en 1980, e inaugurado por el entonces presidente William Clinton cuando en abril de 1993 abrió sus puertas al público.
La mayor parte de los fondos provienen de fuentes judías y evangélico-sionistas privadas, aunque el gobierno ofrece fondos adicionales. El director de cine Steven Spielberg es uno de los principales donantes.
Siete. En 2005, la Fundación Príncipe de Asturias otorgó al entonces director del museo de Jerusalén, Avner Shalev, el premio Príncipe de la Concordia (promovido por Angela Merkel (ex canciller de Alemania).
Shalev cerró su discurso de agradecimiento, en el teatro Campoamor, en Oviedo, leyendo unos versos sagrados: “nación contra nación no alzará espada, ni se adiestrarán más para la guerra”. Un año después, su país invadía Líbano a sangre y fuego.
Ocho. Luego, en 2007, tras recibir las insignias de Caballero de la Legión de Honor de manos de Nicolas Sarkozy (jefe del Estado francés), Shalev manifestó: “…los nazis derrumbaron los valores de Occidente. La responsabilidad de todos, es volver a restituir esos valores. Europa debe estar a la vanguardia de la lucha contra el mal” (sic).
Y se preguntó, de manera hipócrita: “¿Cómo fue posible que millones de personas fueron testigos, se mantuvieron en silencio, en tanto otros cooperaban con las autoridades en aquellos momentos?”
Nueve. Ahora bien. La palabra “museo” proviene del griego museion, templo y lugar dedicado a las “musas”, divinidades inspiradoras de la música y el arte.
El legendario de Alejandría, por ejemplo, servía como santuario y centro de investigación reflexión intelectual (alrededor del año 280 aC).
Sin embargo, la investigadora mexicana Cintia Velázquez Marroni (destacada académica y profesional en el campo de la museología), señala que un “museo memorial” guarda una marcada diferencia con los convencionales, ya que su tarea procura vincular el presente con el pasado, a través de “acontecimientos dolorosos que continúan abiertos y, por ello, no es posible evaluar sus consecuencias finales como para realizar una narrativa o un relato histórico ortodoxo”.
Diez. Tales son los contenidos de un texto de Diana Burgos Estrada (de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM), y de una carta enviada en noviembre de 2023 por un grupo de judíos mexicanos a los directivos del fastuoso museo Memoria y Tolerancia (inaugurado en 2010, y ubicado frente a la Alameda y el hemiciclo a Benito Juárez).
Once. Ambos escritos observan la importancia de no despolitizar las emociones y no interiorizar el terror bajo la mirada de la indiferencia.
“En esta perspectiva –apunta Burgos Estrada– el museo no cumple con la descripción”, ya que el visitante queda con la impresión de que la violencia se llevó a cabo sin otra causa o razón que dañar a los judíos. Los directivos del museo dejaron la carta sin contestación.
Doce. Por ende, los “museos del holocausto” (en versión israelí) se han especializado en retorcer y pervertir la memoria de los crímenes del nazismo. El autor israelí Miko Peled habla de “secuestro de la historia judía” (sic) y, por su lado, el italiano Enzo Traverso sostiene que la memoria del holocausto ha servido para que Israel legitime el sostenido genocidio del pueblo palestino.












