uriosos son los orígenes literarios y cinematográficos de La última opción, el más reciente largometraje del surcoreano Park Chan-wook. Desde hace tiempo, el cineasta quería adaptar la novela The Ax ( El hacha, 1997), de Donald E. Westlake, agudo especialista en el género policiaco. Pero antes hubo una previa adaptación de esta, a cargo de Costa-Gavras –a quien se dedica esta película–, titulada Le couperet (2005), que desconozco pues no se exhibió en México.
Park intentó hacerla en inglés, pero finalmente decidió adaptarla a la Corea contemporánea, para hablar de los males del capitalismo a través de las desventuras de Man-su (Lee Byung-hun, conocido por su desempeño en El juego del calamar), quien tiene todo lo que un hombre común podría desear: una esposa guapa llamada Miri (Son Ye-jin), dos hijos prodigio, una mansión que pertenece a su familia hace años y hasta un par de hermosos perros. Y, claro, un trabajo satisfactorio.
Man-su celebra el cumpleaños de Miri con unas costosas anguilas que le han mandado de su trabajo, como supervisor en una fábrica de papel, que recién ha pasado a ser propiedad de unos empresarios gringos. Lo que él ignora es que se trata de un regalo de despedida, pues la empresa lo ha liquidado junto a la mayoría de los empleados.
La familia se resigna a hacer recortes en sus gastos (“vamos a cancelarNetflix”), y Man-su consigue una chamba empacando cajas. Pero acude a una entrevista de trabajo en otra papelera, donde resulta humillado. El hombre toma una decisión radical: asesinar a los posibles rivales profesionales que podrían quitarle el ansiado puesto.
La premisa es muy semejante a la del clásico de la comedia inglesa Mis ocho sentenciados ( Kind Hearts and Coronets, Robert Hamer, 1949), sólo que se extraña la parquedad del humor negro británico, por la cual las muertes eran despachadas con singular elegancia. Park, en cambio, ha optado por un tono de humor bufonesco para ilustrar qué tan complicado es matar a otro ser humano y cubrir las evidencias.
El primer asesinato es el colmo de esa estrategia. Man-su acecha a su víctima potencial espiando su casa, donde la esposa le está poniendo el cuerno con otro hombre. Mediante su celular, Man-su trata de distraer al primero para matarlo fuera de la casa, pero es demasiado torpe para manejar la pistola. La secuencia termina como una exagerada farsa de disparos de mal tino.
El cineasta es dueño de un privilegiado sentido formal, admirado en películas como Cinco días para vengarse (2003), Señora Venganza y la reciente La decisión de partir (2022). Aquí está siempre en evidencia esa habilidad, aunque Park se toma su tiempo para hacer digresiones a su relato central. Por ejemplo, un baile de disfraces chistoso que no conduce a nada.
La única opción concluye con una advertencia pesimista sobre cómo las máquinas robotizadas se harán cargo de todo en el futuro. Es un elocuente final cuya economía pudo haberse extendido al resto de la película. En esta ocasión, Park se ha dejado llevar por la tentación de hacer una comedia excesivamente bufa.
La única opción
D: Park Chan-wook / G: Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi, Don McKellar, Jahye Lee / F. en C: Kim Woo-hyung / M: Cho Young-wuk / Ed: Kim Ho-bin, Kim Sang-beom / Con: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Woo Seung Kim, So Yul Choi, Park Hee-soon / P: CJ ENM Co, CJ Entertainment, Moho Film. Corea del Sur, 2025.
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