Opinión
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Venezuela y la necropolítica del chisme
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in alfabetización, afirmó Lenin, quedamos excluidos de la política y somos pasto de “rumores, chismes, cuentos de hadas y prejuicios”.

Han pasado más de 10 días del ataque del imperialismo norteamericano contra Venezuela y la bruma va despejándose, dejando atisbar algunas luces entre tanto desecho.

Al ruido de las bombas que despertó Caracas durante la medianoche, le sucedió el ruido de las especulaciones, las tramas y los rumores. La sangre del crimen dio paso al horror de las pantallas. El horror a la intriga. La guerra cognitiva encontró en el impacto y sus secuelas su momento más álgido. Amanecimos con las imágenes de los helicópteros rasantes y su fuego reventando sobre la oscuridad de Caracas y, desde entonces, todo fue espesura. Una vorágine de informaciones confusas donde el ruido se mezcla con la realidad y no se distingue lo verdadero de lo impostado.

Los vacíos del acontecimiento generan ansiedad por saber y esa urgencia engendra sus monstruos. En esos momentos de desazón las horas son siglos y la necesidad de dar respuesta a los vacíos se satura de hipótesis que vuelan por las redes sin espacio-tiempo para la criba. Algunas, esparcidas por los dueños de las bombas y el espanto, otras, por nosotros mismos.

Estados Unidos golpeó y se replegó con dos buenas presas, pero sin control ni presencia en el territorio. Controlar un país requiere algo más. El ataque amputa la jefatura de Estado y de gobierno, pero no tiene capacidad para remplazarla. Eso deja a Corina Machado fuera de juego y Trump se lanza un órdago. Su mujer en Caracas ahora es Delcy Rodríguez. ¿Cómo interpretar la jugada? Unos como prueba de sus conjeturas, otros como argucia inteligente, muchos como locura megalómana.

Su arenga no fue tan loca porque activó, como pretendía, los aires de la duda. El espontaneísmo de las redes y la interacción virtual harían el resto. No todo es desorden espontáneo en la producción del caos. La tendencia seudonatural al chisme como búsqueda de respuestas se apuntala con una maquinaria sistemática nacida de las cloacas del capital.

Los medios internacionales alimentan, pese a sus contradicciones, el relato Trump. Dentro de lo previsible. ¿Y qué hay de la izquierda? Lo sucedido estos días demuestra que no estamos ajenos a la lógica del rumor. El dolor que produjo el ataque en quienes vemos en Venezuela una luz para otra vida posible, favorece lo que los venezolanos llaman cuentos de camino. Hay otros motivos; no escarbaremos en ellos. Apologetas de la verdad, elucubramos nuestra versión de lo ocurrido. Los vacíos se van llenando. Traición. Infiltración. CIA. Transición en marcha. Entrega.

El principal vacío que debió preocuparnos es el que dejó el secuestro del presidente, que se resolvió como bien sabía Trump: por el cauce constitucional. Tres elementos claves para preservar el proceso. Uno, la continuidad del ejecutivo mediante la unidad de la dirección política. Dos, la lealtad y unidad de las fuerzas armadas. Tres, la movilización popular. Los tres resisten el embate. El pueblo chavista inunda días tras días las calles de Caracas y otras ciudades y la solidaridad internacional hace su parte en las avenidas del planeta. Se va encontrando la calma y la reflexión sosegada. Teorías, hipótesis y rumores siguen, sin embargo, saturando redes y caminos.

A la vieja fábrica de narrativas para la dominación la respalda el avance de la tecnología digital. El algoritmo premia lo grotesco, pero no se mueve al azar. Su diseño tiene rostro de clase. También lo decía Lenin hace más de un siglo: “el progreso de la técnica y la ciencia significa en la sociedad capitalista el progreso en el arte de la máxima explotación”.

La era digital multiplica los dispositivos de expropiación del pensamiento crítico. El objetivo, evitar la propagación de “una concepción integral del mundo”. La necropolítica necesita de confusión y paranoia para su afán de acumulación por despojo. Sus intereses modelan nuestros sentidos. La fragmentación de las conciencias produce, también en nuestro campo, respuestas difusas, tibias, conspiranoicas que acaban sumando a la otra orilla.

Lejos quedan los niveles de analfabetismo de los tiempos de Lenin. En el tiempo de la inteligencia artificial, urge una nueva alfabetización político-virtual para la digestión del caos y la ansiedad, del vacío y los vacíos.

Un buen antídoto contra la parálisis puede ser una dosis de marxismo. No sólo como análisis crítico de los fenómenos, sino como arma de combate que ayude a leer el contexto y avizorar las prioridades, el enemigo de clase y el foco de nuestras críticas. Quizá así entendamos que en este minuto histórico en que la necropolítica articula bombas y chismes, la prioridad del campo popular es defender el proceso bolivariano y su revolucionaria transición comunal al socialismo. Y eso pasa hoy por combatir al imperialismo, confiar en la dirección política venezolana y luchar por la liberación del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera combatiente, Cilia Flores.

* Antropólogo y comunicador de Vocesenlucha

X: @vocesenluchacom