Opinión
Ver día anteriorJueves 15 de enero de 2026Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
2026: escenario de dificultades
E

s claro que 2026 será un año particularmente complicado. La previsión oficial establecía que creceríamos 2.3 por ciento, lo que mostraba que para el gobierno se presentaba un nuevo momento en el que la economía retomaría una senda de crecimiento más dinámica. La previsión se sostenía en dos argumentos: uno, que la demanda interna se fortalecería, y dos, que se habrían superado las incertidumbres mayores respecto a los temas de comercio exterior, particularmente en cuanto al T-MEC.

Ninguna de estas dos condiciones se cumplirá este año, es claro que las perspectivas se han deteriorado sensiblemente. En cuanto a la demanda interna para 2026, ha habido una disminución de las remesas recibidas y parece probable que la caída siga en el curso del año. El aumento salarial y la formalización de los trabajadores contratados por las plataformas digitales contribuirán al crecimiento de la demanda interna, al tiempo que por el lado del gasto público se mantendrán las políticas sociales. Pero en el agregado, la demanda interna no crecerá significativamente.

En cuanto al segundo argumento, relacionado con el comercio exterior, aunque aún se esperan los resultados de las negociaciones para renovar el T-MEC, que debieran concluir a mitad del año, es claro que la posibilidad de que se renueve manteniendo las condiciones básicas de su funcionamiento actual son muy reducidas. Para el gobierno de Trump el tratado es irrelevante, porque hace inconveniente económicamente que las empresas, las automotrices, por ejemplo, se relocalicen en Estados Unidos. Aunque estas empresas pudieran presionar para mantener el T-MEC tal como está, o con ajustes menores, el que negocia es el gobierno, no las empresas, y sus intereses inmediatos no necesariamente son coincidentes.

La incertidumbre sobre las condiciones del comercio internacional aumenta por la cercanía del proceso electoral en Estados Unidos. De acuerdo como evolucionen las preferencias electorales, es posible que el gobierno estadunidense radicalice sus planteos y que se cuestione la pertinencia de mantener el acuerdo trinacional. Los desenlaces posibles en este escenario pueden variar sensiblemente: desde el fin del tratado, pasando por acuerdos binacionales o el alargamiento de las negociaciones hasta después del proceso electoral. Es indudable que nada indica que el T-MEC se renovará sin cambios sustantivos. Más bien, un escenario de dificultades es altamente probable.

Anticipándose a la reducida posibilidad de que el tratado comercial mantenga sus términos, la decisión del gobierno canadiense de visitar China, a unos meses de la negociación del T-MEC, es indicativa de que se está buscando abrir otros espacios comerciales, en respuesta a que el gobierno de Trump los está cerrando. No importa el tamaño del comercio exterior trilateral –Estados Unidos, Canadá y México–, que representa casi 30 por ciento del total de los intercambios estadunidenses. Para Trump, lo importante es que regresen las empresas estadunidenses a su país, aunque ello signifique que el comercio exterior se interrumpa.

Por estas razones de política interna, es esperable que Washington decida romper el tratado trilateral y que proponga acuerdos bilaterales: EU-México y EU-Canadá. Además, estos posibles arreglos bilaterales, impulsados por el gobierno de Trump siguiendo su estrategia de seguridad, buscarían controlar los intercambios de sus dos mayores socios comerciales, México y Canadá, limitando las relaciones comerciales principalmente con China. Frente a una propuesta de este tipo, las posibilidades de contención que pudiera plantearse el gobierno mexicano son muy limitadas.

En este escenario, un actor que pudiera enfrentar seriamente esta estrategia imperial trumpista es China. Sabemos que los chinos piensan en términos a largo plazo y de esta manera fundamentan sus decisiones a corto plazo. Para los chinos, es imperativo que la estrategia de seguridad estadunidense no logre ponerse en práctica globalmente, ya que implicaría que su posición mundial resulte afectada drásticamente a corto, mediano y largo plazos. La respuesta china tiene que ser fuerte.

Lo relevante para nosotros es que la respuesta china pudiera ampliar los márgenes de maniobra propios, permitiendo que enfrentemos de mejor manera las evidentes dificultades que habría de cancelarse el T-MEC, o de la propuesta de acuerdos bilaterales o bien de su posposición. En cualquier caso, importa plantear que el año será difícil y que para enfrentarlo se requiere fortalecer la posición gubernamental con acuerdos explícitos con diferentes actores económicos y, por supuesto, con la población que es la mayor fortaleza de la Presidenta.