Moscú evita referencia directa a Trump
Muestra determinación del gobierno bolivariano de garantizar la unidad en la nación, destaca la cancillería
Miércoles 7 de enero de 2026, p. 7
Moscú. El nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela “muestra la determinación del gobierno bolivariano de garantizar la unidad y preservar la estructura vertical del poder establecida conforme a la legislación nacional, contener el riesgo de una crisis constitucional y crear las condiciones necesarias para el desarrollo pacífico y estable de Venezuela frente a las flagrantes amenazas neocoloniales y a la agresión armada desde el exterior”, señaló este martes la cancillería rusa en un comunicado.
Rusia “saluda los esfuerzos de la autoridades oficiales de este país para proteger la soberanía y los intereses nacionales”, al tiempo que “reafirma su inquebrantable solidaridad con el pueblo y el gobierno de Venezuela”.
Asimismo, “defiende con firmeza el derecho de Venezuela a decidir su destino sin ningún tipo de nefasta injerencia foránea”.
Exige “la desescalada de la situación actual” y pide “resolver cualquier problema mediante el diálogo constructivo y el respeto de las normas del derecho internacional”, ante todo la Carta de la Organización de Naciones Unidas.
Desea éxito a la presidenta encargada en la solución de las tareas que afronta la República Bolivariana y ratifica la disposición “a seguir prestando el apoyo que requiera la amistosa Venezuela”.
Reitera que América Latina y el Caribe “deben seguir siendo zona de paz” y sostiene que todas las naciones de la región “merecen tener como garantía la posibilidad de escoger la vía de desarrollo soberano”, concluye el comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores.
Silencio del Kremlin
Hasta el momento, el Kremlin guarda silencio –el presidente Vladimir Putin, quien admite ser muy creyente, celebró este martes, como todo cristiano eslavo, la Nochebuena ortodoxa– y delegó en la cancillería transmitir –mediante cuatro comunicados– desde el sábado anterior la posición de Rusia de condena a la “agresión armada” y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Llama la atención que este martes, la dependencia diplomática no menciona por su nombre al principal responsable de esta gravísima violación de la legalidad internacional, el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, ni las amenazas que éste profirió contra Delcy Rodríguez, en el sentido de que le iría peor que a Maduro si no cumplía sus exigencias.
En opinión de analistas, esto puede deberse a que el republicano lanzó estos días recientes varias señales que apuntan a que está molesto con el titular del Kremlin.
La primera, al afirmar que no cree que haya existido ningún ataque con “91 drones” contra la residencia del presidente de Rusia, días después de mostrar su indignación tras el relato que le hizo por teléfono el propio Putin culpando a los ucranios.
Y la más reciente, el cartel que subió a sus redes sociales el lunes de esta semana el Departamento de Estado con una fotografía del republicano y una elocuente inscripción en ruso: “No jueguen con Trump”.
Tampoco hizo gracia al Krem-lin, según se comenta en privado en Moscú, que Trump se haya burlado de Putin al decir que si el general estadunidense Dan Caine, quien coordinó la operación contra Maduro y su esposa, hubiese estado en Rusia o Ucrania, la actual guerra habría terminado el mismo día que comenzó, en abierta crítica a la “operación especial militar” que el ejército ruso lleva en esa nación desde febrero de 2022.
En ese contexto, funcionarios rusos de menor rango han estado filtrando a las medios occidentales, sobre todo agencias noticiosas, que del mismo modo que Estados Unidos proclama que el hemisferio occidental le pertenece, Rusia puede tener su propia aérea de influencia.
Observadores independientes consideran que al margen de que en el fondo se trata de un planteamiento igual de deleznable que el de Trump, el problema es que no es suficiente adjudicarse ese pretendido derecho, sino que hay que tener capacidad real para concretarlo, y en Ucrania todavía está lejos de conseguirlo, ya no se diga en Europa del este o en Asia central.
En el segmento ruso de las redes sociales, los defensores de la política del Kremlin dan a entender que el secuestro de Maduro es producto de un pacto entre Putin y Trump, que habrían intercambiado Venezuela por Ucrania.
Pero, en el otro extremo, el mismo día en que el enviado especial Steve Witkoff y el yerno de Trump, Jared Kushner, participaron por primera vez en la Conferencia de aliados de Ucrania en París, no son pocos los que se preguntan qué ganaría Rusia con un trato que beneficia sólo a Estados Unidos.
Apuntan, entre otras consecuencias negativas, que la caída de Maduro deja en el limbo los 17 mil millones de dólares que Moscú invirtió en proyectos petrolíferos en Venezuela y en concepto de armamento no pagado; puede provocar un desplome del precio internacional de hidrocarburos cuando Washington empiece a manejar la industria petrolera venezolana y afectar la principal fuente de financiamiento de la operación rusa en Ucrania, y pone en entredicho la credibilidad de los acuerdos estratégicos firmados con el Kremlin, que presuponen asistencia militar recíproca en caso de agresión, que al momento no se han aplicado en Armenia, Siria, Irán y, ahora, Venezuela.












