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El petrodólar en el siglo XXI
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ientras que la derecha internacional (incluida la mexicana) le quiere dar mil interpretaciones y justificaciones a la intervención estadunidense en Venezuela y hablan de democracia, libertad y lucha contra el narcotráfico, el presidente de Estados Unidos dice abiertamente que todo se trata de petróleo. Se trata de asegurar las reservas venezolanas, las cuales son las más grandes del mundo y representan el 17% del total mundial, estimadas en 303 mil millones de barriles, que son suficientes como para abastecer por 40 años la demanda petrolera de Estados Unidos o para abastecer nueve años la demanda global. Y esas son las reservas probadas, pero recientemente la zona ha sido testigo de impresionantes descubrimientos como lo sucedido en Guyana, en donde Exxon Mobil descubrió 11 mil millones de barriles en un bloque muy cerca de la frontera con Venezuela. Ese descubrimiento se dio en un área conocida como “el Esequibo”, la cual forma parte de disputas territoriales entre Venezuela y Guyana, que recientemente habían sido intensificadas tras los descubrimientos.

A todo esto, surge la duda de ¿para qué invertiría Estados Unidos tanto tiempo, recursos y capital político en controlar el petróleo si estamos a nada de que deje de usarse? La respuesta sencilla es que no estamos cerca de que deje de usarse. La tesis central de que llegaríamos al pico del petróleo en 2030 fue errónea (como lo hemos comentado aquí múltiples ocasiones). La Agencia Internacional de la Energía lo confirma en su reporte anual 2025, en donde por primera vez incluyó un escenario de consumo llamado “políticas actuales”, y donde se observa un incremento del 30 por ciento de la demanda al 2050 y sostenido más allá. La “transición energética” no se ha materializado y de 2010 a la fecha, a pesar de cuantiosas sumas invertidas en energía alterna, el consumo de petróleo global ha aumentado 15 por ciento y el de gas natural 31 por ciento. Sin duda, la política de dominio energético, así como el Corolario Trump que anunció Estados Unidos hace unos días ( para mayor información, les dejo el artículo que escribí https://bit.ly/4jmbjQm), tiene un rol relevante en la justificación ideológica que Estados Unidos tiene sobre la estrategia de tomar el petróleo de Venezuela. Pero esa es sólo una de las vertientes. La más importante y relevante de todas es mantener la hegemonía del dólar.

La gran victoria de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial fue establecer el dólar como moneda de reserva y desde 1973, la principal fuerza del dólar es que todo el comercio internacional de petróleo se hace en esa moneda. Esto le genera demanda artificial y permite que Estados Unidos se financie a tasas muy por debajo de lo que obtendría normalmente. De igual manera, le permite a Estados Unidos tener déficits en el gasto de manera rutinaria e imprimir dinero para después cambiarlo por bienes y servicios alrededor del mundo, sin sufrir las devastadoras consecuencias de la inflación. De acuerdo con el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, este estatus le genera ahorros en intereses de 250 mil millones de dólares anuales. Actualmente, Estados Unidos paga 1.2 billones de dólares al año en intereses sobre su deuda, la cual ya es de 38 billones, 125 por ciento del PIB, y creciendo en promedio 2 billones al año. Que todo el comercio mundial se dé en dólares le da a Estados Unidos otra gran arma: las sanciones. Éstas básicamente son la prohibición de utilizar el sistema de pagos en dólares (SWIFT) y, por ende, quedar excluido de casi todo el comercio internacional, con la amenaza de que el banco o institución financiera que haga negocios con algún ente sancionado será excluido también (lo cual, para fines prácticos, significa la desaparición de dicha institución financiera).

Regresando a Venezuela, el gobierno de ese país cometió un pecado que Estados Unidos nunca ha perdonado: vender petróleo en yuanes. El mismo pecado que cometió Irak en el año 2000 cuando anunció que vendería exclusivamente en euros, Libia en 2010 cuando anunció su intención de crear una moneda africana para remplazar el dólar en el comercio petrolero, e Irán en 2012 cuando comenzó a vender petróleo en otras monedas. En todos los ejemplos, ese fue el detonante de invasiones para cambio de régimen, y en el caso de Irán, el endurecimiento al máximo de las sanciones. Venezuela ya era parte de los BRICS+, pero las sanciones le impedían el acceso a los mercados internacionales. Y aquí entran a la plática los chinos, quienes han logrado desarrollar un sistema de pagos paralelo al de Estados Unidos, el Sistema de Pagos Interbancario Transfronterizo (CIPS), el cual ya funciona en 180 países en el mundo y crece a un ritmo de 65 por ciento año con año. Venezuela tenía la alternativa para reactivar su economía sin pasar por Estados Unidos; eso significaba que las mayores reservas de petróleo del mundo iban a financiar su reactivación y venderse en otras monedas. Actualmente, 80 por ciento del petróleo continúa vendiéndose en dólares; Rusia, Irán e Irak negocian en otras monedas.

Esto ha afectado el estatus de “moneda de reserva del dólar”, el cual, a 2024, “únicamente” representaba 59.3 por ciento del total de las reservas internacionales mundiales. En la ASEAN, 77% de las transacciones se llevan a cabo en yuanes, y en Latinoamérica hemos visto que países como Brasil y Argentina (a pesar de tener al libertario de Milei en la presidencia) han comenzado a utilizar el yuan. Lo de Venezuela es simplemente una forma de frenar ese avance y sobre todo evitar la posibilidad de que un país, sancionado por Estados Unidos, adopte otro sistema de pagos, otra moneda de reserva y se vuelva exitoso. Eso sí le generaría una amenaza existencial a Estados Unidos. Como la historia lo ha demostrado, cuando un imperio pierde el estatus de reserva de su moneda es cuando el imperio cae.

X: @aloyub