Minucias
o ha mucho, sonando en Spotify Que nadie sepa mi sufrir, me sorprendió percibir (por vez primera) este anacoluto: “porque el fuego de tus lindos ojos negros / alumbraron el camino de otro amor”. La canción es de 1936 y su letrista Enrique Dizeo (música de Ángel Cabral). Encuentro extraño que, hecha en pareja, el encargado de las palabras no haya reparado en la falta de concordancia entre el sustantivo (singular) y el verbo (plural). ¿Se dejó llevar por la melodía, por el ritmo? Es lo que pienso.
Mi sorpresa tenía que ver con que, siendo una canción tan popular, la había escuchado muchísimas veces sin que “me brincara” –tercer y cuarto versos de la primera estrofa– el disloque, o la dislocación.
Y el caso no es único. Por los languidecentes 40 del pasado siglo José Alfredo Jiménez compuso Paloma querida, que todos cantamos así (¿letra original?, me pregunté hasta hoy): “Y la luz / de tus ojos divinos / cambiaron mis penas”, irregularidad que gustaba de atribuir a una degeneración: resultaría menos cómodo articular cantando “Y a la luz…”.
En alguna película me tocó oírla en la voz del propio dolorense, pero por distracción dejé pasar la frase. Hoy, gracias a YouTube, me topo con que mi suposición desatinaba.
¿Y estas minucias para qué? Para recordar una según eso “obviedad”: que la canción está más cerca del habla que de la escritura (y asimismo, pese a su natural inclinación por los recursos líricos, del poema –más exigente, poco, digamos, consentidor–).
El habla es permisiva, la escritura no. El canto, cercano al habla, tiene además otro apoyo: la entonación, la melodía, la música. De no llamar demasiado la atención me atrevería a afirmar que en la canción la música se muestra proclive a actuar como alcahueta de la letra. O, de modo menos alharaquiento: la música cubre los baches que la letra puede conllevar.
Por mala que pueda ser, abundemos “de más”, cabe esperar de toda canción que sea tanto métrica como rítmica, consecuencia más de su condición musical que de la poética o letrística. No hay pues que asombrarse de ello ni mucho menos afanarse en encontrar poemas (o poetas) donde no los hay.
(Esta noche cruzamos el umbral entre un año y otro. He elegido este lema para el nuevo: “Cordialidad y paz”. Ignoro si sepa serle fiel los 365 días. Sé, sí, que durante todo 2026 tal será mi deseo tanto para los compañeros como para los lectores de nuestro diario).












