enustiano Carranza es uno de los personajes más importantes de la Revolución Mexicana. Su principal legado fue convocar al Congreso Constituyente que elaboró la Constitución Política más avanzada de su tiempo, una Constitución que fue modelo para muchos otros países y que es todavía la Constitución que nos rige. Destacó también por su nacionalismo y por defender la soberanía nacional en uno de los periodos más complicados en la historia universal, por la Primera Guerra Mundial y una de las mayores encrucijadas de nuestra historia, por la guerra civil revolucionaria y las complicadas relaciones de nuestro país con Estados Unidos.
Venustiano Carranza Garza nació en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 29 de diciembre de 1859. Su padre, Jesús Carranza, participó en las grandes gestas liberales encabezadas por Benito Juárez. Combatió del lado de los liberales en la Guerra de Reforma y, más tarde, bajo las órdenes de Mariano Escobedo, luchó contra las tropas imperiales que sostenían a Maximiliano de Habsburgo.
Fue presidente municipal de Cuatro Ciénegas. Ahí se dio cuenta de la precariedad de los recursos municipales, de su falta de independencia. Se convenció de la necesidad de que los municipios fueran libres. Fue diputado local y senador por Coahuila. Contendió por la gubernatura de su estado contra el candidato de Porfirio Díaz, pero fue derrotado por las prácticas antidemocráticas del régimen porfirista.
Por eso se sumó al movimiento que impulsaba Francisco I. Madero para que México fuera un país democrático y de leyes. Al fracasar esa insurrección cívica que fue el maderismo electoral, se sumó a la rebelión convocada por Madero. Madero lo nombró secretario de Guerra de su primer gobierno provisional. Al triunfar la revolución maderista, ocupó la gubernatura provisional de Coahuila y más tarde fue gobernador constitucional, acompañando a Madero en su presidencia.
Cuando estalló la Decena Trágica, fue el único gobernador que se negó a reconocer al gobierno usurpador y llamó a derrocarlo para restablecer el orden constitucional. El 26 de marzo de 1913 proclamó el Plan de Guadalupe y comenzó a organizar al Ejército Constitucionalista, un ejército popular y revolucionario que es el origen de nuestro actual ejército.
Desde que proclamó el Plan de Guadalupe, Carranza se asumió como el representante del Estado mexicano, como la única autoridad legal y legítima que había en el país, dado que los otros poderes y niveles de gobierno habían reconocido al gobierno golpista. Y desde esas primeras semanas actuó con una visión de estadista, siguiendo siempre la ley. Por ello, emitió centenares de decretos a fin de que todos sus actos estuvieran apegados a la ley.
Condujo con éxito al Ejército Constitucionalista. En año y medio, derrotó a Victoriano Huerta y lo obligó a renunciar. El 13 de agosto de 1914, con la firma de los Tratados de Teoloyucan, Carranza logró la disolución del ejército y la armada federales y la entrega de la Ciudad de México. Esos tratados representaron el acta de defunción del Estado oligárquico porfirista. Fue también el inicio de una nueva etapa en el desarrollo del país.
Cuando no fue posible la unificación de las corrientes revolucionarias, al fracasar la Soberana Convención, Carranza comprendió que para derrotar a Francisco Villa y a Emiliano Zapata tenía que incorporar las demandas sociales a su movimiento. Desde Veracruz, emitió la legislación social, con leyes que dieron cauce a las demandas agrarias, laborales, educativas y de justicia social. Eso le sirvió, para que, con el apoyo militar de Álvaro Obregón, pudiera derrotar a Villa y a Zapata.
Carranza fue el líder triunfador de la Revolución. Como encargado del Poder Ejecutivo, organizó su gobierno preconstitucional en 1916 y convocó al Congreso Constituyente de 1916-1917, convencido de que México, después de la Revolución, debía tener una Constitución acorde con el nuevo país, donde los campesinos, trabajadores y sectores populares se habían convertido en protagonistas de su historia y exigían la solución de sus demandas.
Carranza proclamó la nueva Constitución, juró cumplirla y hacerla cumplir. A eso dedicó su gobierno. Asumió la presidencia constitucional el 1º de mayo de 1917 en condiciones extremadamente difíciles. El país estaba semidestruido y exhausto después de una guerra civil de 7 años; las finanzas públicas estaban en bancarrota; buena parte de las actividades económicas estaban destruidas. Para complicar el cuadro, persistían rebeliones regionales: Villa en Chihuahua, Zapata en Morelos, Félix Díaz en el sureste, Manuel Peláez en la región petrolera de las Huastecas. Y estaban también las presiones externas, pues Estados Unidos y Alemania querían obligar a México para que entrara a la Primera Guerra Mundial y controlar la producción petrolera de nuestro país, pues dicho combustible se había convertido en estratégico para la guerra.
Carranza mantuvo con firmeza la neutralidad de México ante la guerra, defendió la soberanía nacional y dio una de las lecciones más brillantes de dignidad y de defensa de la legislación internacional. Esos principios, conocidos como la Doctrina Carranza, rechazaron cualquier forma de intervención extranjera en los asuntos internos de un país, reafirmaron la soberanía y la independencia de los países, y le dieron a México un papel de liderazgo entre los países neutrales, al promover una solución pacífica del conflicto mundial.
El nacionalismo de Carranza, su dignidad y valentía para defender esa postura a pesar de las presiones económicas y de dos invasiones armadas de Estados Unidos, en 1916 y 1919, le dan un lugar especial en la historia nacional












