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Negocios y empresas

Prostitución de alto nivel

H

ay negocios que son universales y muy antiguos, como es el caso de la prostitución. Ahora, el poder y el dinero se unen para disfrutar de este tipo de placeres ocultos. Este fenómeno se observa con claridad en las relaciones entre Jeffrey Epstein, financiero y traficante sexual, con políticos, empresarios, artistas e intelectuales.

Entre los personajes involucrados con Epstein, quien se suicidó en prisión en 2019, se encuentran Donald Trump y Bill Clinton, ambos ligados a escándalos sexuales previos; el primero con actrices porno, como Stormy Daniels, y el segundo con la becaria Mónica Lewinsky. Pero hay otros hombres de menor perfil que están ligados a este depredador sexual, como el empresario y filántropo Bill Gates; el príncipe Andrés, hermano del rey de Inglaterra Carlos III e intelectuales como Noam Chomsky o Woody Allen. No todos participan en delitos sexuales, pero sí en una relación de amistad e intereses con este depredador.

El modus operandi es diverso, pero consistía principalmente en invitar a personas importantes a residencias de Epstein, donde se llevaban a cabo reuniones con mujeres jóvenes, algunas adolescentes, en donde las relaciones sexuales estaban presentes.

En nuestra época todo se convierte en mercancía, hasta las personas y el sexo, y los hombres poderosos no están al margen de este comercio. En el caso comentado no se trata de una relación pactada en dinero en efectivo; eso sería “ofensivo” para los amigos de Epstein. Pero en la contraparte, la de la mercancía entregada, se trata de actos de esclavitud o cuando menos de agresiones contra la integridad de una persona.

Con la intermediación de Epstein, la relación comercial consistía en poner a las mujeres jóvenes a disposición de los clientes y éstos a cambio entregaban información, amistad, poder, negocios y prestigio a un depredador sexual. En todo caso, vender el cuerpo entre adultos está permitido en muchos países, pero en el caso de Epstein, como sucede en millones de casos en el mundo, se trataba de un acto ilegal, pues se obligaba a jóvenes a tener relaciones con políticos y empresarios.

A fin de cuentas, el sexo se comercializa a todos los niveles de la sociedad y en este negocio participan personas que aparentan respetar las leyes y “buenas costumbres” de un país desarrollado.