Opinión
Ver día anteriorMartes 23 de diciembre de 2025Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Veinticinco para el 25
E

l pasado 17 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encabezó el arranque de la entrega de millones de libros a los jóvenes de México y los países hermanos de América Latina, acompañada de Clara Brugada, Claudia Curiel de Icaza y Paco Ignacio Taibo II, quien, como director del Fondo de Cultura Económica, encabezó al equipo que seleccionó los títulos (27, al final) que empezaron a repartirse ese mismo día también en La Habana, Buenos Aires y otras 200 ciudades de México y Latinoamérica. En breve y emotivo discurso, la Presidenta recordó su trayectoria, su compromiso y lo que significa la lectura: (https://www.gob.mx/presidencia/es/articulos/version-estenografica-25-para-el-25-libros-gratuitos-para-jovenes-zocalo-de-la-ciudad-de-mexico-415367?idiom=es)

De la derecha iletrada mexicana ya casi nada me extraña y suponía que pondrían el grito en el cielo por el dinero y por la selección de los libros, pero no pensé que el hecho de poner la literatura al alcance de los jóvenes les causara tanta rabia. Algunos de quienes intentan argumentar dicen que regalar libros no estimula la lectura: como nunca han salido de sus torres de marfil, ignoran que poner libros al alcance de los jóvenes y orientarlos sobre cómo o con qué libros empezar, sí los hace leer. A quienes estamos cerca de libroclubes, círculos de lectura y talleres con jóvenes, nos consta que poner los libros en las manos de las personas hace que lean. Pero eso hacemos nosotros, no la derecha iletrada que, desde su poltrona, ignora que casi todas las ciudades medianas del país carecen de librerías dignas de ese nombre (con trabajo, pequeños supermercados de libros cuyos dependientes no están capacitados para orientar a lectores noveles). Libros no para todos, pero sí para muchos, y libros que circulen y se intercambien. Libros.

Me imagino a Taibo, Paco Ceja, Luis Arturo, Sandra, Sofía, Marco, Marilina, Andrés, Enna, Fritz, al resto del equipo, debatiendo sobre 25 libros para impactar a adolescentes, con una característica central: latinoamericanos (por eso no están, pongamos, Rudyard Kipling, Alejandro Dumas o Emilio Salgari, aunque, ¿ellos serían leídos por los jóvenes de hoy como los leíamos nosotros?), y aunque extraño por aficiones personales a Rosario Castellanos, Nellie Campobello, Alfonsina Storni, Jorge Amado, Jorge Luis Borges, B. Traven, Manuel Scorza, César Vallejo, Jorge Ibargüengoitia o Paco Taibo ( Cosa fácil o Sombra de la sombra estarían espléndidas en esta colección), entiendo que sólo podían ser 27.

Porque la lista es realmente muy buena, y es latinoamericana. Hay cinco autores mexicanos, tres de Guatemala, Uruguay, Chile, Argentina y Colombia, dos peruanos y uno de Ecuador, Venezuela, Cuba y Nicaragua. ¿Qué se ofrece? A pesar de que las fronteras entre los géneros literarios son difíciles de trazar, yo diría que hay nueve libros de cuentos o relatos, porque se trata de enganchar, y el anzuelo suele ser un buen relato corto; seis novelas, seis libros de poesía amorosa y de combate, y seis de ensayo, testimonio o crónica.

¿Qué le está entregando el gobierno de México a los círculos de lectura, a los libroclubes, a los adolescentes? Tengo mis favoritos: la novela de no ficción de Carlos Montemayor sobre Lucio Cabañas y su sino mortal, que es una de las novelas mayores del siglo XX mexicano; los alucinantes relatos de Miguel Ángel Asturias que cuentan cómo el imperio derrocó al presidente democrático Jacobo Árbenz y sometió por la fuerza a Guatemala; a Osvaldo Bayer, el alucinante narrador de tantas resistencias del que el equipo de Taibo eligió Los anarquistas expropiadores; la poesía que llega al alma de Alaíde Foppa o Juan Gelman… o la de Roque Dalton, sólo que del salvadoreño universal el equipo no eligió su poesía, sino la crónica de su pequeño país, el pulgarcito de América, gobernado hoy por uno de los peores canallas del continente (quitando al payaso prepotente Trump y al payaso patético Milei). Y nada les digo de Nona Fernández y Piedad Bonnett, porque lloré con sus libros.

Y para que se purguen los odiadores del gran Eduardo Galeano, uno de los autores más influyentes de nuestra América, nos traen una maravillosa biografía del Che Guevara, porque si hablamos de América, hay que hablar del Che. Pongámonos serios: Sergio Ramírez es uno de los mayores narradores latinoamericanos, y su espléndido testimonio vivo del comandante sandinista Francisco Rivera Quintero en la lucha por la liberación de Nicaragua de una dictadura de medio siglo al servicio de los yanquis no deja pausa para respirar… pero elegir a Sergio Ramírez y a un comandante de los tiempos heroicos del sandinismo muestra que quizá Paco y su equipo (yo sí, sin duda) están hartos de la bufonesca minitiranía de Daniel Ortega devenido en Anastasio Somoza IV.

Y ¿qué elegir de Gabo? Estoy seguro de que casi nadie de mis lectores ha leído su crónica dura y directa de los cubanos en Angola, muy, muy lejos de Macondo, porque es una obra marginada del más genial de los escritores colombianos que ahora, gracias al equipo de Paco, dejará de serlo.

Me equivoqué al principio: sí tiene razón la derecha mexicana al rabiar contra la lectura y contra este proyecto, porque leer es revolucionario y genera conciencia, porque leer en colectivo consolida equipos de trabajo solidario y la derecha detesta que eso llegue a los jóvenes, a los barrios y las comunidades. Termino: leer no es la única forma de aprender a ser generoso, solidario y combatiente. Mucha gente que no puede o no quiere leer también lo es.