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Isocronías

Pessoa, Eliade y lo ridículo

Ál

varo de Campos a través de Fernando Pessoa (o viceversa) ha dicho así en Poema en línea recta: Nunca he conocido a nadie a quien le hubiesen molido a palos. / Todos mis conocidos han sido campeones en todo. // Y yo, […] yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, / […] que cuando no me he callado, he sido más ridículo todavía; / yo, que les he parecido cómico a las camareras de hotel, / yo, que he advertido guiños entre los mozos de carga, / […] yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, / me doy cuenta de que no tengo par en esto en todo el mundo. // Toda la gente que conozco y que habla conmigo / nunca hizo nada ridículo, nunca sufrió una afrenta, / nunca fue sino príncipe –todos ellos príncipes– en la vida... // […] Podrán no haberles amado las mujeres, / pueden haber sido traicionados; pero ridículos, ¡nunca! / Y yo, que he sido ridículo sin que me hayan traicionado, / ¿cómo voy a hablar con esos superiores míos sin titubear?

Intenté reproducir sólo lo necesario para nuestro interés, introducir al pensamiento que sobre el ridículo, o cierto ridículo (Henri Bergson: Sin duda una caída siempre es una caída, pero no es lo mismo caer en un pozo porque se está mirando a otra parte que hacerlo porque se contempla una estrella), tenía Mircea Eliade:

El ridículo es el elemento dinámico, creador e innovador de toda conciencia que se quiera viva y que experimente lo vivo. No conozco ninguna transfiguración de la humanidad, ningún salto audaz en la comprensión ni ningún descubrimiento pasional fecundo que no haya parecido ridículo a sus contemporáneos.

Matiza: Pero eso no es prueba suficiente, pues todo lo que supera el presente y el límite de la comprensión parece ridículo.

Y opone a su ridículo lo llanamente bueno (digamos un libro): Es tan bueno que en nada conmueve nuestro marasmo ni nuestra mediocridad; por el contrario, se integra perfectamente en nuestros cortos ideales, en nuestros pequeños dramas... Eso es todo.

En contra, cita tres casos, dos históricos y uno de ficción, Jesús, Gandhi y el Quijote, a quien desde luego también recurrió el autor de La risa. Todo lo que no es ridículo, es caduco. “A menudo la mediocridad tiene como atributos ‘perfecto’ y ‘definitivo’”. Evitar el ridículo significa rechazar la única posibilidad de inmortalidad.

Pessoa para su hermana era un borrachito: –Ahora dicen que es un genio…